miércoles, 18 de agosto de 2010

Hombre Lobo, por Monseñor Jaime Roitman

En algún momento de mi juventud, llegó a mis manos un libro que relataba las biografías de personas desdichadas. La monumental obra del escritor germánico Baudilio Vado tiene por título, en su idioma original, una frase que hace referencia a las cruentas vicisitudes que los protagonistas debieron afrontar, que bien podría traducirse a nuestra lengua como ¨Vidas de Mierda¨.
En el capítulo tercero se relata la historia de Dimitry Pávlov, considerada por algunos como la génesis de la leyenda del hombre lobo. A continuación se reproduce el capítulo mencionado, que el autor dio en llamar en un alarde de ingenio y creatividad ¨Biografía de Dimitry Pávlov¨.
¨Era realmente dura la vida en Tsaritsyn. El viento que soplaba desde las costas del Volga hacía que las tardes de enero fueran aún más frías que los ocho grados bajo cero que solían registrar los termómetros. Después de una larga jornada de trabajo, el joven Dimitry Pávlov decidió calentar agua para mezclarla con vodka . Esa pócima le servía como combustible para emprender el camino de seis kilómetros que lo separaban de la casa. Mientras juntaba ramas para encender el fuego, sintió un ruido proveniente del pastizal. Alzó la vista, no vio nada y siguió con su tarea. Volvió a escuchar algo, esta vez a sus espaldas. Se dio vuelta y alcanzó a ver un cuerpo oscuro que se abalanzaba sobre él. Unas garras filosas se clavaron en su pecho y los dientes enormes desgarraron su carne. La muerte parecía inminente, pero la bestia, inexplicablemente, emprendió una veloz retirada hacia el monte.
La familia del muchacho no podía creer que el violento ataque sólo haya dejado algunas cicatrices, sin dudas había tenido suerte.
Con el tiempo, Dimitry fue teniendo algunos cambios en su conducta. Dejó de frecuentar a sus amigos y se volvió un ser solitario. Su sentido del olfato se desarrolló de una manera increíble y era capaz de reconocer a las personas por su olor a varios metros de distancia. Los viernes no ingería ningún otro alimento que no fuera carne y la consumía sin cocer. Ya no usaba cubiertos, comía con las manos y bebía directamente de los jarros, cuando no de los charcos en el suelo.
Tsaritsyn no era en esos tiempos más que un pequeño poblado, por lo que los vecinos no tardaron en notar la extravagante conducta del muchacho e intentaron lincharlo una noche de luna llena.
Konstantin Diatlov era un hechicero que salvó la vida de Dimitry y lo acogió en su hogar. Sus conocimientos de alquimia y brujería consiguieron mejorar las extrañas costumbres del joven y una vez que estuvo en condiciones lo envió a la casa de Igor Korovin, un viejo amigo que vivía en Kostroma.
Korovin alojó al enviado y lo recomendó para trabajar con unos conocidos que estaban formando una compañía de teatro y danza. Piotr Urusov y Michael Maddox contrataron a Dimitry como secretario y lo incorporaron a su grupo. Durante varios meses trabajaron sin descanso y antes de finalizar el año 1776, organizaron una gran reunión e invitaron a las personas más importantes de Rusia, incluso hasta a la mismísima emperatriz Catalina La Grande, para presentar en sociedad al Teatro y Ballet Bolshoi.
La fiesta fue un éxito, pero marcó el comienzo del fin para Dimitry. Algo que no debió comer le produjo una recaída casi instantánea. Fue patético verlo husmear en los traseros de todos los invitados, que, a excepción de un grupo de bailarines, lo echaban a patadas.
Algunos días después fue arrestado cuando agentes de la policía lo sorprendieron desnudo, manteniendo relaciones sexuales en la calle con una perra siberiana. La belleza de la perra no sirvió como atenuante para aliviar su pena y fue condenado a terminar sus días en un loquero.¨
El capítulo treinta y nueve del libro de Vado relata otra historia de hombre lobo. Es la siguiente:
¨En la ciudad china de Shenyang una joven pareja sueña con una familia numerosa. Una verdadera utopía en su país. Deciden viajar a Sud América e instalan un supermercado en Buenos Aires. Hu Ang se encargaba de las compras y Mai Xian atendía la caja.
En La Argentina pudieron cumplir su sueño y tuvieron siete hijos. Todos varones.
Las vecinas les advirtieron que si no hacían apadrinar al último hijo por el presidente, el niño sería lobizón. La pareja no hizo caso a la sugerencia y fue así que el pequeño Lau Tao sufrió una extraña mutación: la combinación de la leyenda argentina con sus genes chinos no lo convirtieron en hombre lobo sino en perro pekinés. Un mal menor, dijeron algunos. -No crea, contestó Hu Ang; Lau Tao ladra todo día y muerde tobillo con diente finito. Rompe mucho bolas Lau Tao.