viernes, 24 de julio de 2009

Dieter Berger, el tanguero alemán, por monseñor Jaime Roitman


Resulta sumamente interesante conocer los motivos que hicieron que un joven germano nacido en la ciudad de Alterkinchen, deviniera en autor de tangos. Si bien no fue beneficiado con las mieles del éxito, debe admitirse que pocos pudieron encumbrarse tan alto hasta alcanzar la cima de la mediocridad.
Dieter, un chico delgado, rubio, de ojos azules, mejillas rosadas y cejas casi blancas, era un ser oscuro. Se lo adivinaba triste y solitario.
Tuvo una infancia terrible. A los cinco años perdió a su padre. Fue durante la guerra, jugando a la escondida. Su madre nunca lo perdonó y lo abandonó en la calle.
Dieter sobrevivió como pudo, pasando hambre y frío. Dormía en los trenes y en los bancos de las plazas.
Una tarde de invierno, un cura argentino lo encontró tiritando y lo llevó al convento. Fue el protegido del sacerdote, con él aprendió las primeras letras llegando hasta la ¨ f ¨.
Encontró abrigo y comida y conoció el tango, la música que el clérigo ponía en la vieja vitrola, cuando añoraba a su querida Buenos Aires.
Esa música profunda y nostálgica lo conmovía. Dieter escuchaba extasiado a Gardel y a Pugliese, se maravillaba con las melodías de Troilo y el virtuosismo de Maderna, sentía como propios los compases de D´arienzo y la cadencia bravía de Arolas, lloraba como loco cuando sonaban los discos de Leo Dan, pero al cura le gustaban.
Así pasaron los mejores años de su vida, hasta que su amigo, el Padre Tomás, falleció.
Dieter, espiritualmente destrozado, dejó el convento y comenzó a trabajar en una imprenta.
El patrón, Horst Müller, era un buen tipo. Dejaba que el muchacho viviera en un pequeño cuarto del fondo del taller y lo trataba con afecto.
El joven dependiente hablaba poco pero cumplía eficazmente con su tarea.
Müller se encariñó con aquel jovencito que se esforzaba en el trabajo. Conmovido por la soledad del adolescente decidió invitarlo a su casa, para festejar el cumpleaños de su hija, Gerda.
El tímido Dieter aceptó el convite por obligación, sin saber que el evento marcaría su destino para siempre.
Gerda era una rubia hermosísima, de larga cabellera y facciones delicadas. Además, portaba un físico tremendo. Pero contrastando con la calidez de su padre, ella era fría. Fría y calculadora (tenía la habilidad de resolver complicadas ecuaciones en cuestión de segundos).
Dieter quedó embelesado ante tan impactante figura. Su corazón latía incontrolable. Sin hacer caso de su timidez, encaró a Gerda y le declaró su amor.
La rubia estalló en una carcajada, -Imbécil, son cientos los que me pretenden, cientos de seres míseros y sombríos como tú. Mira, aquí llega mi prometido, Udo Holssinger, presidente del directorio y principal accionista de ¨ Die Deutsche Geschäftsbank ¨¨. Nos casaremos en mayo, después de festejar sus bodas de oro con la institución.El viejo Holssinger era desagradable a la vista: bajo, gordo, calvo, colorado, gotas de sudor brotaban constantemente de su frente. Nada tenía que ver su imagen con la angelical apariencia de Gerda. En cambio, su falta de escrúpulos lo convertía en alma gemela de su futura esposa.
Todos en el pueblo coincidían en que el poderoso banquero era un ser abyecto y despiadado. Se decía que su despacho estaba alfombrado con la piel de sus antiguos empleados. Seguramente Gerda Müller no veía en el a un galán ni a un hidalgo caballero sino al poseedor de una de las mayores fortunas de Europa.
Con el corazón hecho añicos, Dieter se marchó. Resentido por la respuesta y el maltrato de Gerda, dejó el trabajo y viajó a la ciudad de Potsdam, capital de Brandeburgo, buscando poner distancia y olvidar a la causante de su dolor.
Sin trabajo, sin familia, sin amor. ¡Cuanto falta le hacía el padre Tomás! , nunca lo había extrañado tanto. Sin un lugar donde vivir, pasaba las mañanas buscando algún conchabo que le permitiera ganar los marcos necesarios para emborracharse por la noche pensando en ella. Las calles de Potsdam eran testigos de su paso vacilante por el alcohol.
De tanto acudir a los bares, recibió de parte de Otto Metzinger, dueño de uno de los bodegones más inmundos de la ciudad, una propuesta de trabajo que aceptó. Se encargaría de la limpieza del lugar y de la atención de los parroquianos. A cambio Otto le ofrecía un mísero salario, pero le aseguraba comida y un lugar donde vivir, si se arreglaba con el depósito en el que guardaba la mercadería.
Dieter aceptó. Trabajaba todo el día intentando mantener su cabeza ocupada. Por las noches, cuando el bar se cerraba, se sentaba a la vieja mesa de madera que estaba junto a la ventana y escribía tangos intentando mitigar su pesar.

A continuación, se transcribe el tango ¨ Torrentes de Olvido ¨:

Destrozado de dolor por tu rechazo,
ya no se que es lo que va a pasar conmigo.
Aunque digo que tu amor no me desvela,
todos saben que es mentira. Estoy perdido.

Que se ahogue tu recuerdo tan querido
en torrentes de cerveza, yo he buscado.
Más flotando en la espuma ha conseguido
mantenerse presente, aquí a mi lado.

Gerda, mala mujer, no te mereces
que entre chopps, balones y floreros
malgaste mi salud y mi dinero
y que me orine encima, algunas veces.


Todas las noches, tres o cuatro temas quedaban terminados, hasta que vencido por el sueño, Dieter dejaba de escribir.
Un domingo por la mañana, Otto encontró por casualidad el cuaderno en el que el muchacho anotaba sus versos. Si bien es cierto que no era poseedor de una gran cultura, supuso que los escritos podrían tener algún valor y, con el consentimiento de Dieter, se los hizo llegar a su amigo Franz Gründenhall, un productor discográfico de Baviera.
A Franz lo maravillaron los versos y le pidió al guitarrista uruguayo Ermitaño Gutierrez que los musicalizara. Ermitaño, que era también un más que aceptable cantante, se entusiasmó con la obra de Dieter y le propuso a Gründenhall grabar un disco. Pensaba que podrían conseguir buenas ventas, porque además de la calidad de la obra, lo insólito de que el autor de los tangos fuera un alemán era un buen ¨gancho¨ promocional para abordar los mercados de América del Sur.
El productor estuvo de acuerdo, pero años en el negocio hicieron que comprendiera que era difícil tener éxito en países de habla hispana con un autor de tangos llamado Dieter Berger, por lo que convenció al joven de adoptar el seudónimo de Ritter Burkhard.
Lejos de lo que todos suponían, el disco ¨ Doce tangos para Gerda ¨ se convirtió en poco tiempo en un estrepitoso fracaso, que llevó al desaliento a los artistas y a la quiebra a Franz Gründenhall.
Dieter continuó trabajando en el bar y escribiendo tangos. Ermitaño Gutierrez, que había perdido la estima de Franz, se mudó a la pieza del poeta y le enseñó a tocar la guitarra.
Ermitaño cantaba algunas polkas para los borrachines que se juntaban por las noches, a cambio de algunas monedas. Con ese dinero consiguió volverse al Uruguay.
El joven escritor nunca olvidaría a ese amigo que le enseñó a ponerle música a sus letras y le dedicó el tango intitulado ¨ Cuando un amigo se va ¨, que luego de una demanda por plagio decidió cambiar a ¨ Como te extraño, Ermitaño ¨, aquí van las primeras estrofas:

Cuando prendo la luz de mi cotorro, no encontrarte te juro que me mata
aún no lavé las sábanas que usaste, para poder conservar tu olor a pata.
Alemán y Charrúa, los dos juntos, arquitectos de una amistad sincera
nunca voy a olvidarte, guitarrero, que el reencuentro no sea una quimera.
Te olvidaste la yerba en la cocina y adopté tu costumbre tempranera
aunque desayunar con mates de cerveza, me produce terrible cagadera.

El destino tiene estos vericuetos, si la perra que amé me hubiera amado,
es seguro, oriental de mis afectos, nuestros caminos no se hubiesen cruzado
Agradezco al señor que en esta ruta amigos como vos haya tenido
y maldigo a esa rubia hija de puta por no poder dejarla en el olvido.
Ahora que toco la guitarra y canto, hago mis tangos y busco un escenario,
que mi vida cobre un nuevo sentido yo te lo debo a vos, viejo Ermitaño.

Si bien la letra es francamente espantosa, la música de este tango llegó de alguna manera a Japón y se convirtió en un suceso extraordinario. Dieter Berger viajó al país del sol naciente, hizo giras por Asia y hasta protagonizó un musical en Brodway. Pronto fue olvidado por el público, pero esto no le importó demasiado, pues era conciente de los límites de su talento. De todas formas, el tiempo en que gozó de la fama le permitió juntar una apreciable cantidad de dólares que supo invertir y que lo convirtieron en un hombre de considerable fortuna.
De regreso a Alemania, recorriendo la plaza central de su Alterkinchen natal, encontró detrás de un enorme árbol a un anciano escondido. ¡Era Fritz Berger, su padre!
Se abrazaron y acariciaron un largo rato y luego partieron tomados del brazo. Una pordiosera rubia les pidió una moneda, Dieter metió su mano en el bolsillo y le dio una limosna. Por un momento creyó que esa cara le resultaba conocida. Pasó su brazo por sobre el hombro de su padre y continuó caminando.
Gerda los vio alejarse y lloró.
El admirador de Khalil Gibran, por Robert de Bruce


Argentino Giovinazzo es un ex tornero de Floresta que perdió su trabajo porque el taller se fundió. Mas de 20 años laburando en el mismo lugar y un día chau!...te quedaste en pelotas con una mujer y una hija que mantener.
Por suerte Graciela, una mina de fierro, se las rebusca cosiendo y haciendo alguna ropa sencilla. La verdad es que quedan pocas costureras.
La nena, Natalia, tiene catorce años y está en tercero (o primero del polimodal, nunca entendí como es esto). Como para la mayoría de las pibas de su edad, el cole, las amigas y algún noviecito, son lo más importante de la vida. Y la lectura de Khalil Gibrán. Sus libros, en ediciones de tamaño reducido, la acompañan constantemente.
Argentino consiguió laburo de sereno en un garage que queda cerca de su casa. Durante el día hace algunas changas de electricidad, plomería o de lo que venga.
Después de unos meses de terror, todo se fue acomodando y hoy podría decirse que, superados los quilombos, ha vuelto la calma...
Sin embargo, pocas cosas marcan tanto a un tipo como quedarse sin trabajo. Te quema la cabeza, te juro. Te despertás sin tener ningún lugar a dónde ir y todavía te falta todo el día, para que mañana te vuelva a pasar lo mismo. Cada vez que miraba a la hija tenía ganas de llorar y cuando sentía el ruido de la máquina de coser de Graciela, a la noche, se quería matar. No tenés un mango y además se te gastan los sueños.
Por suerte todo volvió a la normalidad. Al menos, eso parecía.
Una mañana, después de tomar unos mates, Argentino sintió que el tránsito lento no era su problema y enfiló para el baño. Como si un hilo invisible conectara a su ojo con el intestino, en esas circunstancias le resultaba imprescindible llevarse algo para leer.
Echó una mirada pero no tuvo Crónica a mano, asíque agarró lo primero que encontró: El Profeta, de Khalil Gibrán.
Aunque nunca había intentado la lectura de un libro en su vida, ésta experiencia lo transformó. Leyó cada hoja varias veces y a pesar de que su memoria era frágil, intentó recordar algunas frases que llegaron a conmoverlo.
Cuatro horas después, salió del biorsi transformado. Reunió a su familia y les dijo: ¨ Desde este momento cambió mi vida. Soy un hombre nuevo. Me convertí en sabio y no puedo ser tan egoísta como para no compartir con el resto de la humanidad los conocimientos que acabo de adquirir. Reúnan a toda la gente que puedan y en dos horas las espero en el parque Avellaneda.¨ y poniéndose un batón celeste de Graciela a modo de túnica, salió para la calle.
Las dos mujeres no sabían que hacer. Convocaron a parientes, amigos y ex compañeros de trabajo para que acudieran al parque. Llamaron, también, a un servicio de emergencias médicas pero no consiguieron que les dieran bola. Un rato después se fueron para el lugar del encuentro.
Allí estaba Argentino, con el batón celeste y en hojotas, parado sobre un banco de cemento, cerca de la calesita.
La convocatoria había tenido un paupérrimo resultado, el tío Carlos, sus ex compañeros Jorge y Horacio y el tano Nicola, su vecino, fueron los únicos concurrentes. Sin embargo, la curiosidad de algunos paseantes hizo que se juntara un grupo de catorce o quince personas, que miraban extrañadas a ese tipo vestido de semejante manera. Entendiendo lo que pasaba y aprovechando la situación, Horacio, que también había leído al poeta libanés, gritó:
-Iluminado, háblanos de los hijos.
Y Argentino contestó:
¨ Tus hijos no son tus hijos, Horacio. La más grande es del gordo Cosme y los mellizos de Cacho el diariero…¨
Para evitar un escándalo, Graciela se apuró a pedir:
-¨ Iluninado, dinos algo sobre el matrimonio ¨
Y él respondió:
¨ Nacisteis juntos y estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días. Si camináis juntos en la misma dirección y con la misma longitud de paso permaneceréis juntos durante todo el camino. Pero cuidado, si uno apunta para Flores y el otro encara para Ciudadela, cuanto más caminéis, más os alejaréis.
Recordad en todo momento que ni el ciprés crece a la sombra de la dalia, ni el roble a la sombra del malvón. Por lo tanto, procurad siempre ser más alto que tu cónyuge.¨
Antes de que alguien pudiera darse cuenta de que la última advertencia siempre sería de cumplimiento imposible para uno de los miembros de la pareja, el tano Nicola vociferó:
Háblanos del comer y del beber
Y el iluminado dijo:
¨ Comer legumbres produce gases, lo mismo que beber Coca Cola, aunque de dirección contraria ¨
Entonces, dijo Jorge: ¨ Háblanos del trabajo ¨
Y él declaró:
¨ El dueño del taller es un viejo hijo de mil putas ¨, y dando por terminada la reunión, salió caminando por Directorio, rumbo a su casa.
Después de éste incidente, Argentino no volvió a leer un libro hasta que años más tarde, un ejemplar de la biblia llegó a sus manos. Cuentan que lo vieron caminar, vestido con un camisón blanco, entre unos árboles llenos de aceitunas.

sábado, 18 de julio de 2009

Combate preliminar , por Alfredo ¨Terremoto¨ Benítez

Es mi debut como profesional. Llevo 14 victorias como amateur y un empate con el oso Galdeano, al que le gané por puntos en la revancha.
Hoy hago una preliminar en el club Sportivo Eclipse de General Villegas.
El anunciador dice: ¨ en el rincón rojo, Domingo José Arancibia ….¨
Cuando el negro Gutierrez, mi entrenador, me dijo que debutaba contra el yacaré Arancibia me dio vergüenza. Tengo 20 años recién cumplidos, boxeo bien, pego fuerte, buen físico. Podría decirse que soy un prospecto interesante, una joven promesa decía el diario local promocionando la velada. El yacaré va por los 39 pirulos, hace como dos años que no gana. Alguna vez pareció que podría llegar a algo, pero pronto se desinfló.
Cuando le dije al negro que pelear con éste viejo era una cagada, me puteó.
-No boludo, si vas a debutar con Tyson. ¿ no sabés que todos empiezan así ?. Hacés tres o cuatro peleas con veteranos que están de vuelta, después algunos paquetes que nadie conoce y con un poco de suerte quedás rankeado. Además, al yacaré le hacen falta los manguitos que se lleva. Dejáte de joder y cagálo a piñas.
Levanto los brazos saludando en el medio del ring. Arancibia está hecho mierda, tiene 39 pero parece 50, los 10 cm. que le llevo de altura, él los tiene enroscados en la cintura.
Segundos afuera!!, primer round…El yacaré trota hacia mi con la agilidad de un buey y se para a unos dos metros. Tiene un tick: levanta el hombro derecho y cabecea como si me indicara que fuera para ese lado. Me tira una izquierda y se queda corto, lo intenta de nuevo con igual resultado. Está lento. Mi jab zurdo le explota en la cara. Sangra por la nariz. Voy con un gancho al hígado y siento que se queja. Larga el aire resoplando como un fuelle, es un ruido raro como si soplara y chiflara al mismo tiempo. Doy un saltito hacia atrás y vuelvo para colocar mi mano, ésta vez la derecha sobre el pómulo.
De pronto me estalla la nuca, una luz potentísima me encandila. El tipo de moño me muestra ocho dedos, nueve, diez. ¿Cómo aut? ¿Qué aut?...me tiemblan las gambas…puta madre, perdí.

jueves, 9 de julio de 2009

Monseñor Jaime Roitman

Monseñor Jaime Roitman no es un personaje olvidado por la historia, sino ignorado por ella.
No existen precisiones sobre la fecha y lugar de su nacimiento. Algunos biógrafos, a quienes se ha consultado, dijeron carecer de datos y de interés en buscarlos. Otros ni siquiera respondieron la consulta. Llamativamente todos coincidieron en algo: nunca supieron de su existencia.
Vagos indicios, de ningún modo confirmados, permiten suponer que monseñor Roitman pudo haber nacido en Éfeso o en Aleppo alrededor de 1350.
Otra versión asegura que su natalicio fue el 21 de agosto de 1942 en la ciudad de Tacuarembó. El pueblo uruguayo se opone tenazmente a ésta teoría y sostiene que nació en Toulouse.
Historiadores de poca monta, que acompañan sus investigaciones con documentos probatorios tan endebles como la partida de nacimiento original y fotocopia autenticada del DNI, insisten tozudamente en que monseñor Jaime Roitman vio la luz en Buenos Aires en abril de 1957.
De todas formas, la versión mas aceptada es la que asevera que Roitman es un personaje ficticio, un seudónimo utilizado por cobardes que no se animaron a firmar sus textos con sus verdaderos nombres. Fundamentan esta creencia en lo extraño que resulta confrontar las fechas de algunos de sus escritos, que van desde el primigenio ¨ Guarda, se viene el Mesías ¨, ensayo profético del año II a. c., hasta la crónica del partido Nueva Chicago 3 Real Madrid 1 jugado en Bélgica el 12 de marzo de 2039.
Se hallaron los tres renglones de su nota ¨ Diálogo con el Teniente Coronel Juan Bautista Azopardo, a bordo de la goleta Invencible, en febrero de 1811¨, cuyas dos primeras líneas corresponden al título y la tercera a la firma del autor, pues es bien sabido que Roitman y Azopardo no se dirigían la palabra por un viejo asunto de polleras. También se dio con el más antiguo ¨ Entrevista con el emperador chino Jin-Tsung ¨, de 1315, que se transcribe por primera vez en su versión completa, a continuación: ¨ Os pido, Alteza Imperial, que disculpéis mi absoluto desconocimiento de vuestra lengua ¨ y luego de tres hojas en blanco, Roitman firma al pie.
Estas reliquias históricas contrastan con su emotivo renunciamiento de julio de 2002 publicado en las cartas de lectores de La Nación, en la que monseñor Jaime Roitman declara: ¨ A todos aquellos que no se han comunicado conmigo para proponerme que acepte ser candidato a Gobernador les informo, sin importar el partido político al que pertenezcan, que por motivos personales me veo imposibilitado de aceptar dicha postulación ¨.

Los intentos literarios de monseñor Jaime Roitman se vieron frustrados tempranamente por la ácida y lapidaria crítica de un minúsculo grupo que, si bien no era influyente, estaba integrado por la totalidad de sus lectores.
Su obra más importante, ¨ Explicación minuciosa del sentido de la vida ¨, fue un manifiesto de dos hojas escritas de un solo lado y con letra grande que se extravió en la noche de los tiempos. Sin embargo hay quien asegura que el valioso original llegó a manos de Jorge Luis Borges, quien lo utilizó para encender la chimenea una fría mañana de invierno.
Paul Hagner, inmigrante irlandés analfabeto ligado a fuerzas revolucionarias, sostuvo que Jean Paul Sartre escribió ¨ El ser y la nada ¨ basándose en el trabajo de Roitman. Lamentablemente, Hagner murió en un neuropsiquiátrico sin explicar el porque de su afirmación.

El reconocido lexicólogo sueco Lars Erik Svensson dio por casualidad con algunos escritos de Roitman. Se trataba de dos cuentos breves bastante aburridos (uno de ellos inconcluso) y de una carta de tres párrafos que monseñor enviaba a su hermana menor desde Praia de Augas Santas, donde pasaba unos días de vacaciones
Este último documento sí podría ser considerado como fundamental en la historia de la comunicación humana, pues Roitman encuentra una manera original de encabezar su misiva, fórmula nunca utilizada hasta entonces y que luego sería plagiada por miles de escritores. Se transcribe solamente el extraordinario comienzo de dicha esquela, pues el resto carece de interés: ¨ Querida Sara, desde estas hermosas playas te envío estas líneas…¨.
Svensson, poseedor de una inteligencia fuera de lo común, supo que el hallazgo era trascendente. Sin embargo intuía que había algo extraño en estas anotaciones y estaba empeñado en descubrirlo.
Si los cuentos eran elementales y la carta carecía de toda belleza, ¿por que volvía a leerlos una y otra vez? ¿qué extraña fascinación ejercían sobre él? ¿qué era eso que no encajaba en los relatos? ¿dónde había dejado el sacacorchos?
El lexicólogo estaba convencido de que los viejos manuscritos escondían un enigma y se propuso develarlo. Sabía que la resolución del acertijo estaba ante sus ojos, pero le resultaba imposible descubrirla.
Dedicó siete años de dura labor a encontrar una explicación y cada vez tenía mayores certezas de que algo raro había en las notas.
Durante ese tiempo, obsesionado con la tarea, Svensson perdió su trabajo, su familia y los pocos amigos que tenía. Su situación económica se volvió insostenible y su salud se deterioró gravemente.
Solamente la fiel Dolores, su vieja nodriza mejicana, lo visitaba de tanto en tanto y sería ella quien finalmente lograría inspirarlo para desentrañar el misterio.
Svensson comprendió que la respuesta no estaba en los textos sino en lo raro que resultaba esa firma de un nombre judío antecedido por una jerarquía eclesiástica, cuando la anciana mujer le dijo, mientras acomodaba los papeles del escritorio: Lars, es la primera noticia que tengo de un cura judío, es raro...no?. Fue entonces que Svensson entendió todo, sonrió, le acarició tiernamente la cabeza, besó su frente y se disparó en la sien.
Nunca se comprobó si Roitman fue en verdad monseñor. En realidad, como quedó dicho, nada de Roitman fue comprobado. Ni siquiera él mismo.
Hoy, gracias al avance tecnológico, éste nuevo medio recibe las recopilaciones que monseñor Jaime Roitman realizara a lo largo de su vida. Se trata de obras de autores tan inéditos y desconocidos como él.
Es también posible que encontremos aquí los cuentos, crónicas, notas, cartas, reportajes y recetas de cocina que éste genio ignorado ha legado a la humanidad.
Finalmente, nos despedimos con una de las frases preferidas de monseñor, que lamentablemente ha sido usurpada y vaciada de contenido por un conductor televisivo: ¨Chau¨.