viernes, 24 de julio de 2009

El admirador de Khalil Gibran, por Robert de Bruce


Argentino Giovinazzo es un ex tornero de Floresta que perdió su trabajo porque el taller se fundió. Mas de 20 años laburando en el mismo lugar y un día chau!...te quedaste en pelotas con una mujer y una hija que mantener.
Por suerte Graciela, una mina de fierro, se las rebusca cosiendo y haciendo alguna ropa sencilla. La verdad es que quedan pocas costureras.
La nena, Natalia, tiene catorce años y está en tercero (o primero del polimodal, nunca entendí como es esto). Como para la mayoría de las pibas de su edad, el cole, las amigas y algún noviecito, son lo más importante de la vida. Y la lectura de Khalil Gibrán. Sus libros, en ediciones de tamaño reducido, la acompañan constantemente.
Argentino consiguió laburo de sereno en un garage que queda cerca de su casa. Durante el día hace algunas changas de electricidad, plomería o de lo que venga.
Después de unos meses de terror, todo se fue acomodando y hoy podría decirse que, superados los quilombos, ha vuelto la calma...
Sin embargo, pocas cosas marcan tanto a un tipo como quedarse sin trabajo. Te quema la cabeza, te juro. Te despertás sin tener ningún lugar a dónde ir y todavía te falta todo el día, para que mañana te vuelva a pasar lo mismo. Cada vez que miraba a la hija tenía ganas de llorar y cuando sentía el ruido de la máquina de coser de Graciela, a la noche, se quería matar. No tenés un mango y además se te gastan los sueños.
Por suerte todo volvió a la normalidad. Al menos, eso parecía.
Una mañana, después de tomar unos mates, Argentino sintió que el tránsito lento no era su problema y enfiló para el baño. Como si un hilo invisible conectara a su ojo con el intestino, en esas circunstancias le resultaba imprescindible llevarse algo para leer.
Echó una mirada pero no tuvo Crónica a mano, asíque agarró lo primero que encontró: El Profeta, de Khalil Gibrán.
Aunque nunca había intentado la lectura de un libro en su vida, ésta experiencia lo transformó. Leyó cada hoja varias veces y a pesar de que su memoria era frágil, intentó recordar algunas frases que llegaron a conmoverlo.
Cuatro horas después, salió del biorsi transformado. Reunió a su familia y les dijo: ¨ Desde este momento cambió mi vida. Soy un hombre nuevo. Me convertí en sabio y no puedo ser tan egoísta como para no compartir con el resto de la humanidad los conocimientos que acabo de adquirir. Reúnan a toda la gente que puedan y en dos horas las espero en el parque Avellaneda.¨ y poniéndose un batón celeste de Graciela a modo de túnica, salió para la calle.
Las dos mujeres no sabían que hacer. Convocaron a parientes, amigos y ex compañeros de trabajo para que acudieran al parque. Llamaron, también, a un servicio de emergencias médicas pero no consiguieron que les dieran bola. Un rato después se fueron para el lugar del encuentro.
Allí estaba Argentino, con el batón celeste y en hojotas, parado sobre un banco de cemento, cerca de la calesita.
La convocatoria había tenido un paupérrimo resultado, el tío Carlos, sus ex compañeros Jorge y Horacio y el tano Nicola, su vecino, fueron los únicos concurrentes. Sin embargo, la curiosidad de algunos paseantes hizo que se juntara un grupo de catorce o quince personas, que miraban extrañadas a ese tipo vestido de semejante manera. Entendiendo lo que pasaba y aprovechando la situación, Horacio, que también había leído al poeta libanés, gritó:
-Iluminado, háblanos de los hijos.
Y Argentino contestó:
¨ Tus hijos no son tus hijos, Horacio. La más grande es del gordo Cosme y los mellizos de Cacho el diariero…¨
Para evitar un escándalo, Graciela se apuró a pedir:
-¨ Iluninado, dinos algo sobre el matrimonio ¨
Y él respondió:
¨ Nacisteis juntos y estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días. Si camináis juntos en la misma dirección y con la misma longitud de paso permaneceréis juntos durante todo el camino. Pero cuidado, si uno apunta para Flores y el otro encara para Ciudadela, cuanto más caminéis, más os alejaréis.
Recordad en todo momento que ni el ciprés crece a la sombra de la dalia, ni el roble a la sombra del malvón. Por lo tanto, procurad siempre ser más alto que tu cónyuge.¨
Antes de que alguien pudiera darse cuenta de que la última advertencia siempre sería de cumplimiento imposible para uno de los miembros de la pareja, el tano Nicola vociferó:
Háblanos del comer y del beber
Y el iluminado dijo:
¨ Comer legumbres produce gases, lo mismo que beber Coca Cola, aunque de dirección contraria ¨
Entonces, dijo Jorge: ¨ Háblanos del trabajo ¨
Y él declaró:
¨ El dueño del taller es un viejo hijo de mil putas ¨, y dando por terminada la reunión, salió caminando por Directorio, rumbo a su casa.
Después de éste incidente, Argentino no volvió a leer un libro hasta que años más tarde, un ejemplar de la biblia llegó a sus manos. Cuentan que lo vieron caminar, vestido con un camisón blanco, entre unos árboles llenos de aceitunas.