Un diario con historia: ¨El Revelador¨, por monseñor Jaime Roitman
Nadie sabe el motivo por el cual no se ha conservado ni un solo ejemplar del diario “EL REVELADOR”, probablemente la mayor muestra de ingenio y erudición en la historia del periodismo nacional.
Una notable generación de cronistas había coincidido en su redacción y era realmente difícil ser aceptado como parte del staff. Paul Hagner, el mayor escritor analfabeto de todos los tiempos, ingresó como cuentista luego de vencer en una selección bastante reñida al estadounidense Truman Capote. Fue a raíz del ingreso de Hagner que los diarios comenzaron a incluir un fascículo opcional, por el que los lectores pagaban un precio adicional en caso de optar por adquirirlo.
Es importante explicar el porque de esta modalidad de venta. Como todos sabemos, el genial escritor irlandés era analfabeto, pero además era bastante desconfiado y temía que sus relatos sufrieran modificaciones en la impresión. Por lo tanto, los lectores que querían comprar el fascículo de Paul Hagner que acompañaba la edición dominical de “EL REVELADOR”, debían inscribirse en la redacción del diario y Hagner en persona se presentaba en sus domicilios para contarles sus notas. Obviamente el cupo era limitado y el fascículo sólo estaba disponible en un área de ocho manzanas. La secuencia con la que Hagner visitaba los domicilios respondía rígidamente al orden de inscripción de los lectores en la redacción, aunque se presume que el irlandés se las ingeniaba para hacer coincidir sus entregas con la hora del almuerzo en la casa de Mario Ferreyra (el mejor asador de la zona) o en la de María Altobelli, famosa en el barrio por sus ravioles. Algunos lectores ofrecieron coimas al escritor para que cambiara el turno en que les tocaba ser visitados (especialmente los que se habían anotado primero y no querían madrugar el domingo), pero Hagner era intransigente. El éxito de esta particular forma de venta fue, paradójicamente, el motivo que llevó a eliminarla. Era tal la cantidad de lectores que solicitaba el fascículo, que Hagner terminaba de hacer las entregas correspondientes al domingo, en la madrugada del viernes posterior a la edición. Durante toda la semana el escritor irlandés no tenía tiempo para dormir, situación que le acarreaba complicaciones en su salud y que disminuía la calidad de las entregas a los suscriptores que lo recibían después del martes. También se daban situaciones enojosas con los clientes que se resistían a atender a Hagner a las tres y media de la mañana, pues el escritor hacía de su trabajo un apostolado y de ninguna manera se retiraba de un domicilio sin cumplir con su labor.
Con el paso del tiempo, los redactores de “EL REVELADOR”, jóvenes inquietos que amaban los desafíos, comenzaron a aburrirse de tener que escribir siempre sobre los mismos tópicos, que también eran abordados por los diarios con los que competían: crisis económicas, crímenes, derrotas deportivas, falta de monedas, etc.
Decidieron, entonces, dedicarse a temas positivos que exaltaran las cualidades de las personas. De este modo, el sábado 3 de mayo publicaron en tapa: ¨Agustín Romero se sacó un ocho en matemáticas” y en la página central se incluía un reportaje en el que Agustín explicaba detalladamente como había resuelto dos problemas de regla de tres compuesta. El suplemento deportivo seguía la exitosa campaña del equipo de bochas del club Glorias Argentinas y publicaba divertidísimas partidas de dominó que se jugaban los sábados a la tarde en el Social y Deportivo Sol del Plata.
Si bien es cierto que estas noticias causaban alegría en el seno de las familias de los protagonistas, el resto de los lectores perdió interés en la publicación, lo que generó otro cambio de rumbo: los cronistas, que eran mejores escritores que periodistas, comenzaron a inventar noticias que atrapaban a sus seguidores. Escribían, por ejemplo, sobre la supuesta separación de una pareja del barrio y durante toda la semana publicaban notas noveladas comentando la evolución del hecho: pedidos de perdón, exigencias económicas, teorías del porqué de la pelea, terceros en discordia, comentarios de los vecinos, tomas de posición por uno u otro cónyuge, declaraciones de ex novios, etc.
El interés de los lectores fue mermando, ante la aparición de programas de televisión que le ofrecían lo mismo pero con figuras famosas y las ventas cayeron a su mínima expresión. Un grupo empresarial hizo una oferta por el diario y lo compró. Incorporaron un equipo de periodistas amarillistas y continuaron utilizando la técnica de la invención de noticias.
El diario resurgió y tuvo su época de mayor apogeo. Cantidad de notas pertenecientes a ese período marcaron verdaderos hitos en la historia del periodismo. Como no recordar aquella de fines de agosto que decía en tapa “Científicos y místicos llegan a una conclusión alarmante: DIOS EXISTE, pero es malo”, título que ocasionó enojos y juicios, pero marcó récords de ventas. Tampoco pasó inadvertida la afirmación del miércoles 11 de septiembre ¨Confirmado: los perros chihuahuas son seres extraterrestres”. Otra famosa nota de tapa fue aquella que decía ¨Hallan en Collodi, Italia, las cenizas de Pinocho” que dio origen al mito de que el querido muñeco de madera se incendió, en un episodio onanista conocido por todos.
La decadencia de “EL REVELADOR” fue el resultado de haber exagerado en dar noticias apócrifas realmente increíbles, como aquellas que conformaron la zaga del desarrollo del mundial de fútbol Luxemburgo 2007, que ganó La Argentina al derrotar en la final a Brasil por diecinueve a cero o aquella otra que daba cuenta de la donación de una fuerte suma de dinero de parte de un grupo de políticos, destinada a mejorar el estado de los hospitales públicos.
Hay divergencias sobre lo sucedido con “EL REVELADOR”, algunos sostienen que dejó de publicarse, otros insisten en que solamente cambió de nombre y sigue siendo un éxito editorial utilizando siempre las mismas técnicas..
Paul Hagner y el resto de los reporteros originales consiguieron trabajos más dignos, como la redacción de los horóscopos de los chicles BAZOOKA o los poemas del chocolate DOS CORAZONES. Algunos aseguran, sin presentar elementos probatorios, que se dedicaron a escribir letras para tangos, bajo los seudónimos de Manzi, Espósito y Cadícamo.
Nadie sabe el motivo por el cual no se ha conservado ni un solo ejemplar del diario “EL REVELADOR”, probablemente la mayor muestra de ingenio y erudición en la historia del periodismo nacional.
Una notable generación de cronistas había coincidido en su redacción y era realmente difícil ser aceptado como parte del staff. Paul Hagner, el mayor escritor analfabeto de todos los tiempos, ingresó como cuentista luego de vencer en una selección bastante reñida al estadounidense Truman Capote. Fue a raíz del ingreso de Hagner que los diarios comenzaron a incluir un fascículo opcional, por el que los lectores pagaban un precio adicional en caso de optar por adquirirlo.
Es importante explicar el porque de esta modalidad de venta. Como todos sabemos, el genial escritor irlandés era analfabeto, pero además era bastante desconfiado y temía que sus relatos sufrieran modificaciones en la impresión. Por lo tanto, los lectores que querían comprar el fascículo de Paul Hagner que acompañaba la edición dominical de “EL REVELADOR”, debían inscribirse en la redacción del diario y Hagner en persona se presentaba en sus domicilios para contarles sus notas. Obviamente el cupo era limitado y el fascículo sólo estaba disponible en un área de ocho manzanas. La secuencia con la que Hagner visitaba los domicilios respondía rígidamente al orden de inscripción de los lectores en la redacción, aunque se presume que el irlandés se las ingeniaba para hacer coincidir sus entregas con la hora del almuerzo en la casa de Mario Ferreyra (el mejor asador de la zona) o en la de María Altobelli, famosa en el barrio por sus ravioles. Algunos lectores ofrecieron coimas al escritor para que cambiara el turno en que les tocaba ser visitados (especialmente los que se habían anotado primero y no querían madrugar el domingo), pero Hagner era intransigente. El éxito de esta particular forma de venta fue, paradójicamente, el motivo que llevó a eliminarla. Era tal la cantidad de lectores que solicitaba el fascículo, que Hagner terminaba de hacer las entregas correspondientes al domingo, en la madrugada del viernes posterior a la edición. Durante toda la semana el escritor irlandés no tenía tiempo para dormir, situación que le acarreaba complicaciones en su salud y que disminuía la calidad de las entregas a los suscriptores que lo recibían después del martes. También se daban situaciones enojosas con los clientes que se resistían a atender a Hagner a las tres y media de la mañana, pues el escritor hacía de su trabajo un apostolado y de ninguna manera se retiraba de un domicilio sin cumplir con su labor.
Con el paso del tiempo, los redactores de “EL REVELADOR”, jóvenes inquietos que amaban los desafíos, comenzaron a aburrirse de tener que escribir siempre sobre los mismos tópicos, que también eran abordados por los diarios con los que competían: crisis económicas, crímenes, derrotas deportivas, falta de monedas, etc.
Decidieron, entonces, dedicarse a temas positivos que exaltaran las cualidades de las personas. De este modo, el sábado 3 de mayo publicaron en tapa: ¨Agustín Romero se sacó un ocho en matemáticas” y en la página central se incluía un reportaje en el que Agustín explicaba detalladamente como había resuelto dos problemas de regla de tres compuesta. El suplemento deportivo seguía la exitosa campaña del equipo de bochas del club Glorias Argentinas y publicaba divertidísimas partidas de dominó que se jugaban los sábados a la tarde en el Social y Deportivo Sol del Plata.
Si bien es cierto que estas noticias causaban alegría en el seno de las familias de los protagonistas, el resto de los lectores perdió interés en la publicación, lo que generó otro cambio de rumbo: los cronistas, que eran mejores escritores que periodistas, comenzaron a inventar noticias que atrapaban a sus seguidores. Escribían, por ejemplo, sobre la supuesta separación de una pareja del barrio y durante toda la semana publicaban notas noveladas comentando la evolución del hecho: pedidos de perdón, exigencias económicas, teorías del porqué de la pelea, terceros en discordia, comentarios de los vecinos, tomas de posición por uno u otro cónyuge, declaraciones de ex novios, etc.
El interés de los lectores fue mermando, ante la aparición de programas de televisión que le ofrecían lo mismo pero con figuras famosas y las ventas cayeron a su mínima expresión. Un grupo empresarial hizo una oferta por el diario y lo compró. Incorporaron un equipo de periodistas amarillistas y continuaron utilizando la técnica de la invención de noticias.
El diario resurgió y tuvo su época de mayor apogeo. Cantidad de notas pertenecientes a ese período marcaron verdaderos hitos en la historia del periodismo. Como no recordar aquella de fines de agosto que decía en tapa “Científicos y místicos llegan a una conclusión alarmante: DIOS EXISTE, pero es malo”, título que ocasionó enojos y juicios, pero marcó récords de ventas. Tampoco pasó inadvertida la afirmación del miércoles 11 de septiembre ¨Confirmado: los perros chihuahuas son seres extraterrestres”. Otra famosa nota de tapa fue aquella que decía ¨Hallan en Collodi, Italia, las cenizas de Pinocho” que dio origen al mito de que el querido muñeco de madera se incendió, en un episodio onanista conocido por todos.
La decadencia de “EL REVELADOR” fue el resultado de haber exagerado en dar noticias apócrifas realmente increíbles, como aquellas que conformaron la zaga del desarrollo del mundial de fútbol Luxemburgo 2007, que ganó La Argentina al derrotar en la final a Brasil por diecinueve a cero o aquella otra que daba cuenta de la donación de una fuerte suma de dinero de parte de un grupo de políticos, destinada a mejorar el estado de los hospitales públicos.
Hay divergencias sobre lo sucedido con “EL REVELADOR”, algunos sostienen que dejó de publicarse, otros insisten en que solamente cambió de nombre y sigue siendo un éxito editorial utilizando siempre las mismas técnicas..
Paul Hagner y el resto de los reporteros originales consiguieron trabajos más dignos, como la redacción de los horóscopos de los chicles BAZOOKA o los poemas del chocolate DOS CORAZONES. Algunos aseguran, sin presentar elementos probatorios, que se dedicaron a escribir letras para tangos, bajo los seudónimos de Manzi, Espósito y Cadícamo.