sábado, 24 de octubre de 2009

Cuentos para armar, por Robert de Bruce

El cuentista mataderense Ivo Corradini siempre fue un tipo indeciso. Nunca estaba conforme con sus historias y no podía decidirse por los finales mas adecuados para ellas. Su inseguridad lo llevó a crear un nuevo género literario que podríamos llamar cuentos para armar. El escritor desarrollaba la historia y luego ponía a consideración del lector varios finales para que éste tomara la decisión de seleccionar el que le pareciera más acertado.
A modo de ejemplo se transcribe su obra ¨El amor, el tiempo y la distancia (o viceversa)¨:

Se conocieron en un baile en Pinar de Rocha. Sandra recién estrenaba los 18, Martín esperaba debutar en la primera de Vélez antes de cumplir los 20. Desde ese día se hicieron inseparables.
El tiempo hizo que algunos sueños se cumplieran y que otros quedaran en el camino. Los de ella se hicieron realidad: se recibió de licenciada en administración de empresas y consiguió un buen puesto en una multinacional. Los de él no salieron como esperaba, una molesta lesión lo marginó del fútbol poco después de su debut. Su padre murió y debió hacerse cargo de sus dos hermanas menores, poniéndose al frente del negocio de autopartes que el viejo dejó.
Una noche, mientras comían una pizza en ¨El Cedrón¨, Sandra se lo dijo: ¨Me ofrecieron la gerencia de la sucursal de Madrid. ¿Venís a España conmigo?¨ .
Martín la miró a los ojos y pensó rápidamente ¨ tal vez las chicas y la vieja podrían manejar el negocio, pero ¿qué haría yo en España? ¿trabajar de marido? ¿vivir de Sandra?, entonces contestó: -No Sandra, no puedo dejar a las chicas, además…
-Está bien (interrumpió ella) te entiendo, pero yo decidí aceptar. Me voy Martín…
-Yo siempre voy a estar aquí, esperándote. Chau Sandra.
El tiempo pasó, Sandra tuvo una brillante carrera profesional en España pero nunca volvió a enamorarse y jamás olvidó a Martín. Un día, ya cumplidas sus ambiciones laborales y económicamente hecha, resolvió volver a la Argentina.
A poco de haber regresado al país, decidió ir hasta la esquina de Alberdi y Murguiondo para ver si su antiguo enamorado cumplía con su promesa de esperarla.
Al llegar vio a un hombre que le pareció conocido, parado en la esquina

Final N* 1:
. ¿Me está esperando a mí?
–No señora, estoy esperando el 180 a San Alberto.
Sandra se fue sin poder contener las lágrimas.
Un ciruja que pasaba por la esquina le pidió una moneda al tipo que esperaba el colectivo ¡Andá a laburar atorrante!
–No puedo, estoy esperando a Sandra…

Final N* 2:
¿Sos vos? preguntó ella
-Si, soy yo contestó el
Se fundieron en un beso interminable y sin decir más fueron a un hotel y vivieron una noche de sexo apasionado. Por la mañana Sandra le dijo: Estás cambiado Martín, tuve que preguntarte si eras vos porque a simple vista no te reconocí
-Perdón, aquí hay un error. Me preguntó si era yo y le respondí que si, pero soy yo, Gustavo. Y debo decirle que fue un placer conocerla.

Final N* 3:
¡Volví Martín, soy Sandra!
-¿Que es esto? ¿una joda? Si Sandra era una mina hermosa y vos sos una vieja chota ¿Quién te mandó?¿el tano Pedro te mandó?
-Si, es una joda dijo Sandra y se fue llorando.

Corradini fue un escritor poco exitoso, o para decirlo de otra manera, tuvo un gran éxito si su meta era el fracaso.
Convencido de sus escasas cualidades para la literatura se suicidó, puso un bar o se fue a vivir a Lisboa.