lunes, 4 de enero de 2010

La extraña historia de los siameses Aldahona, por monseñor Jaime Roitman

En los anales de la medicina, algunos extraños casos de deformidad alcanzaron fama mundial. Generalmente se trataba de raras malformaciones que impactaban y captaban la atención de las personas.
Uno de los ejemplos que pueden ilustrar estas poco frecuentes anomalías genéticas, es el de Joseph Merrick, el famoso “Hombre Elefante”. Aunque no es posible afirmarlo con absoluta certeza, se cree que Merrick pudo haber padecido el más grave caso de síndrome de Proteus que jamás se halla conocido. Esta patología produce el gigantismo parcial de los miembros o el crecimiento excesivo de los dedos mientras que algunas zonas del cuerpo crecen menos de lo que deberían. Todo esto provoca una desfiguración extrema de la persona que suele estigmatizarla socialmente. Joseph Merrick fue exhibido como un fenómeno de feria debido a la deformidad de su cuerpo y a las protuberancias enormes que aparecieron en su cara, una de ellas sobre el labio superior, que tenía aspecto de trompa y que le valió el apodo por el que fue conocido. Merrick falleció mientras dormía, a los 27 años de edad. En un principio se creyó que su tráquea fue comprimida por sus deformaciones, ocasionándole la muerte por asfixia. Nuevas teorías sostienen que pudo haber muerto por la lesión de la nuca ante un movimiento involuntario de la gigantesca cabeza. Una obra de teatro y varias películas se basaron en su historia.
Otro caso trascendente fue el de Edward Mordrake, hijo de una noble familia inglesa, nacido en el siglo XIX. Edward tenía un rostro adicional en la parte posterior de la cabeza. Se cree que pertenecía a un gemelo parásito. El mito dice que el rostro correspondía a una bella joven, cosa poco probable porque carecía de mandíbula y su aspecto no podía ser de ninguna forma agradable. Además, el gemelo parásito es del mismo sexo que el del portador, por lo que el rostro adicional también debía corresponder a un varón. La cara que tenía en la nuca estaba dotada de expresividad, podía mover los ojos, sonreír y lagrimear. Quienes la vieron aseguraban que el brillo de sus ojos despejaba cualquier duda acerca de su inteligencia probable. No hablaba, pero sus labios se movían constantemente. Edward aseguraba que por las noches no podía dormir por los susurros incesantes de su otra cara. Los médicos de la época se negaron a intentar extirpar el rostro residual, llevando a Edward al suicidio a los veintitrés años. Antes de colgarse dejó una carta pidiendo ser cremado para evitar que los susurros lo perturbaran en el más allá. Tom Waits compuso ¨Poor Edward¨, una triste canción basada en este caso.
Sin embargo, una de las historias más extraordinarias de todos los tiempos no tuvo una gran difusión. Se trata de la increíble vida de los siameses Julio y Jorge Aldahona. Estos gemelos nacieron unidos por la espalda, a la altura de las cuatro últimas vértebras dorsales, teniendo total independencia con el resto del cuerpo. A pesar de su unión física, Jorge y Julio eran absolutamente diferentes. Uno fanático de Boca, el otro recalcitrante riverplatense. Jorge fue dirigente conservador, Julio activista de izquierda. A Julio lo enloquecía el asado. Jorge era vegetariano. Con tantas diferencias, no fue ninguna sorpresa que los hermanos siameses, paradójicamente, se separaran y estuvieran enfrentados. El paso del tiempo no limó las diferencias. Por el contrario, terminaron odiándose. Después de algunos años en los que se ignoraron, ingresaron en una etapa en la que cada uno hacía lo posible para molestar al otro. Así, cuando uno de los siameses estaba urgido por orinar, el otro encontraba una ocupación impostergable que le impedía ir al baño. Si uno debía utilizar el bidet, el que quedaba enfrentado a la pared le abría el grifo de agua caliente para quemarlo en sus partes íntimas. Si alguno intentaba conquistar a una dama, el otro despedía ventosidades para estropear el encuentro.
Solamente lograron coincidir en que la situación era insostenible y que se imponía, sin dilaciones, una cirugía que los separara. No contaban con medios económicos suficientes para afrontar la operación, debido a que ambos habían saboteado mutuamente las posibilidades laborales del otro. Ante las escasas probabilidades de éxito de la intervención, ninguna institución pública quiso hacerse cargo del caso.
Acudieron a la iglesia pero la respuesta fue ¨que el hombre no separe lo que Dios ha unido¨ Finalmente, terminaron siendo intervenidos por un falso médico que los encandiló con el exiguo pago que solicitó para dividirlos y que aparentemente no comprendió con exactitud lo que pretendían los siameses al encarar su división. El triste y escueto parte médico que informaba el lamentable resultado de la operación decía así: ¨Con pesar debemos informar que la división de los siameses Julio y Jorge Aldahona ha fracasado. La parte de abajo falleció en el transcurso de la intervención quirúrgica y la parte de arriba, hace instantes, acaba de correr la misma suerte¨.