Apuntes sobre el Diablo, por Monseñor Jaime Roitman
El asceta griego Hynkrêdulos Tánatos no comulgaba con la creencia de San Agustín acerca de que el Creador no era el responsable de que existiera el mal, sino que éste fue generado por el mal uso que hizo el humano del libre albedrío. Le resultaba insólito que, siendo el hombre una creación de Dios, haya sido capaz de contrariarlo y aún de imponer su maldad por sobre la voluntad del altísimo. Por supuesto coincidía con que no podía ser Jehová quien engendrara el mal, pero ¿por qué no podía detenerlo si es todopoderoso?
Buscando la respuesta, Tánatos se dedicó durante más de treinta años al estudio de las hipótesis de varios teólogos, psicoanalistas y filósofos e incluso vio todos los capítulos de la serie ¨Camino al cielo¨.
Adscribiendo a los pensamientos de Konrad Lorenz, Karl Von Frisch y Nikolaas Tinbergen, quienes comparando la conducta animal con la humana concluyeron en que la agresividad es genética y que el instinto de agresión humana dirigido a sus congéneres es innata, Tánatos concibió una teoría sobre la creación del mundo y la génesis del hombre que, en su honor, recibió el nombre de Hynkrêdulismo.
Según sus deducciones, lo primero en existir fue Satanás. Ante lo poco gratificante que le resultaba al demonio ejercer el mal en medio de la nada, decide crear el mundo y, en un acto de claro masoquismo, hacer a su imagen y semejanza al hombre, para poder descargar sobre él toda su crueldad. En este punto se encuentran los primeros datos inquietantes de la teoría: si Luzbel creó al hombre a su imagen y semejanza, el hombre es, necesariamente, malo por naturaleza (coincidiendo con las inferencias de los etólogos antes mencionados) y, existiendo probadas evidencias científicas de que los primeros humanos fueron negros, es atinado pensar que el diablo también lo es.
Siendo casi infinitos los males y desgracias que el Maligno debe distribuir sobre su creación, resuelve hacerse de un grupo de adláteres que lo ayuden en su tarea. Entre estos acólitos, Lucifer tiene predilección por uno al que llamó Dios. Viendo las crueldades e injusticias a las que era sometida la humanidad, Dios se transforma en bueno desatando la ira de Belcebú, que decide castigarlo arrojándolo al cielo. Desde ese momento Dios pasa a ser acérrimo enemigo de Satán y el principal protector de los hombres.
Ahora, siempre según la teoría de Tánatos, puede explicarse el porque de los males que aquejan a la humanidad. Se deben a que el creador del universo, por ser el primero y actuar siempre con anterioridad, dispone la sucesión de las fatalidades a ejecutarse. Por su parte, Dios siempre se ve obligado a reaccionar ante los hechos consumados, intentando amortiguar la gravedad de esos flagelos sin poder nunca evitarlos. Puede entonces entenderse a que se debe la existencia del hambre, de las guerras, de las inundaciones, de los crímenes y de los contadores públicos.
Hynkrêdulos imagina las acciones del Diablo y de Dios como si estuvieran disputando una partida de ajedrez, en la cual Leviatán lleva las piezas blancas y ante cada uno de sus movimientos, El Señor ejecuta una respuesta que sólo puede ser defensiva, pues la iniciativa la tiene el otro bando.
Como se puede comprobar con facilidad, los seguidores de la escuela del Hynkrêdulismo no existen, ni siquiera cree en ella el mismísimo Hynkrêdulos Tánatos, quien profesa el culto ortodoxo griego.
Un vecino del barrio de San Cristóbal dice haber conocido al diablo. Cuenta que se le presentó bajo la apariencia de una hermosa pelirroja que trabajaba como ecuyere en un circo mejicano. Hechizado por la belleza de la mujer, no dudó en seguirla, aunque para ello debió abandonar a su familia y enajenar los bienes que poseía. Después de unas pocas semanas la mina lo dejó para irse con un abogado.
Una vecina del mismo barrio también refiere haber contactado al diablo e incluso asegura que, desconociendo su verdadera identidad, se casó con él y tuvo dos hijos. Luego el tipo la estafó con la venta de la casa que tenían en común y se rajó con una ecuyere pelirroja que conoció en un circo mejicano.
Un diariero de Devoto jura que dos o tres veces por año el diablo se apodera del árbitro de fútbol Alberto Sincaglia y lo obliga a favorecer escandalosamente con sus fallos a los equipos locales. Un grupo de parroquianos del bar ¨Ristretto¨ va más lejos y asegura que el diablo se apodera de todos los réferis en todos los partidos.
Un viejo cafetero del Congreso de la Nación sospecha que el diablo se presenta en el recinto justo en el momento en que los legisladores emiten sus votos y los fuerza a pronunciarse en forma totalmente opuesta con los intereses de sus representados. Luego espera a que haya elecciones y obliga a la gente a entregar su voto a quienes detesta.
El pintor Jean Lluc Riusec recibió el primer premio en una exposición de retratos por su obra titulada ¨El rostro del Diablo¨. El trabajo del catalán consistía en un marco de madera que contenía un espejo.
Quedó en el recuerdo de todos los vecinos de Mataderos la única ocasión en la que el Diablo fue derrotado. Intentando darle un susto que acabara con su vida, el demonio tocó el timbre en la casa de Abelardo Parente. Cuando el hombre salió a ver quien llamaba se le presentó: -Buenas noches, soy Lucifer
-Un momentito que le aviso a mi suegra que lo atienda, contestó Abelardo.
El Diablo jamás regresó.
El asceta griego Hynkrêdulos Tánatos no comulgaba con la creencia de San Agustín acerca de que el Creador no era el responsable de que existiera el mal, sino que éste fue generado por el mal uso que hizo el humano del libre albedrío. Le resultaba insólito que, siendo el hombre una creación de Dios, haya sido capaz de contrariarlo y aún de imponer su maldad por sobre la voluntad del altísimo. Por supuesto coincidía con que no podía ser Jehová quien engendrara el mal, pero ¿por qué no podía detenerlo si es todopoderoso?
Buscando la respuesta, Tánatos se dedicó durante más de treinta años al estudio de las hipótesis de varios teólogos, psicoanalistas y filósofos e incluso vio todos los capítulos de la serie ¨Camino al cielo¨.
Adscribiendo a los pensamientos de Konrad Lorenz, Karl Von Frisch y Nikolaas Tinbergen, quienes comparando la conducta animal con la humana concluyeron en que la agresividad es genética y que el instinto de agresión humana dirigido a sus congéneres es innata, Tánatos concibió una teoría sobre la creación del mundo y la génesis del hombre que, en su honor, recibió el nombre de Hynkrêdulismo.
Según sus deducciones, lo primero en existir fue Satanás. Ante lo poco gratificante que le resultaba al demonio ejercer el mal en medio de la nada, decide crear el mundo y, en un acto de claro masoquismo, hacer a su imagen y semejanza al hombre, para poder descargar sobre él toda su crueldad. En este punto se encuentran los primeros datos inquietantes de la teoría: si Luzbel creó al hombre a su imagen y semejanza, el hombre es, necesariamente, malo por naturaleza (coincidiendo con las inferencias de los etólogos antes mencionados) y, existiendo probadas evidencias científicas de que los primeros humanos fueron negros, es atinado pensar que el diablo también lo es.
Siendo casi infinitos los males y desgracias que el Maligno debe distribuir sobre su creación, resuelve hacerse de un grupo de adláteres que lo ayuden en su tarea. Entre estos acólitos, Lucifer tiene predilección por uno al que llamó Dios. Viendo las crueldades e injusticias a las que era sometida la humanidad, Dios se transforma en bueno desatando la ira de Belcebú, que decide castigarlo arrojándolo al cielo. Desde ese momento Dios pasa a ser acérrimo enemigo de Satán y el principal protector de los hombres.
Ahora, siempre según la teoría de Tánatos, puede explicarse el porque de los males que aquejan a la humanidad. Se deben a que el creador del universo, por ser el primero y actuar siempre con anterioridad, dispone la sucesión de las fatalidades a ejecutarse. Por su parte, Dios siempre se ve obligado a reaccionar ante los hechos consumados, intentando amortiguar la gravedad de esos flagelos sin poder nunca evitarlos. Puede entonces entenderse a que se debe la existencia del hambre, de las guerras, de las inundaciones, de los crímenes y de los contadores públicos.
Hynkrêdulos imagina las acciones del Diablo y de Dios como si estuvieran disputando una partida de ajedrez, en la cual Leviatán lleva las piezas blancas y ante cada uno de sus movimientos, El Señor ejecuta una respuesta que sólo puede ser defensiva, pues la iniciativa la tiene el otro bando.
Como se puede comprobar con facilidad, los seguidores de la escuela del Hynkrêdulismo no existen, ni siquiera cree en ella el mismísimo Hynkrêdulos Tánatos, quien profesa el culto ortodoxo griego.
Un vecino del barrio de San Cristóbal dice haber conocido al diablo. Cuenta que se le presentó bajo la apariencia de una hermosa pelirroja que trabajaba como ecuyere en un circo mejicano. Hechizado por la belleza de la mujer, no dudó en seguirla, aunque para ello debió abandonar a su familia y enajenar los bienes que poseía. Después de unas pocas semanas la mina lo dejó para irse con un abogado.
Una vecina del mismo barrio también refiere haber contactado al diablo e incluso asegura que, desconociendo su verdadera identidad, se casó con él y tuvo dos hijos. Luego el tipo la estafó con la venta de la casa que tenían en común y se rajó con una ecuyere pelirroja que conoció en un circo mejicano.
Un diariero de Devoto jura que dos o tres veces por año el diablo se apodera del árbitro de fútbol Alberto Sincaglia y lo obliga a favorecer escandalosamente con sus fallos a los equipos locales. Un grupo de parroquianos del bar ¨Ristretto¨ va más lejos y asegura que el diablo se apodera de todos los réferis en todos los partidos.
Un viejo cafetero del Congreso de la Nación sospecha que el diablo se presenta en el recinto justo en el momento en que los legisladores emiten sus votos y los fuerza a pronunciarse en forma totalmente opuesta con los intereses de sus representados. Luego espera a que haya elecciones y obliga a la gente a entregar su voto a quienes detesta.
El pintor Jean Lluc Riusec recibió el primer premio en una exposición de retratos por su obra titulada ¨El rostro del Diablo¨. El trabajo del catalán consistía en un marco de madera que contenía un espejo.
Quedó en el recuerdo de todos los vecinos de Mataderos la única ocasión en la que el Diablo fue derrotado. Intentando darle un susto que acabara con su vida, el demonio tocó el timbre en la casa de Abelardo Parente. Cuando el hombre salió a ver quien llamaba se le presentó: -Buenas noches, soy Lucifer
-Un momentito que le aviso a mi suegra que lo atienda, contestó Abelardo.
El Diablo jamás regresó.