Las fábulas de Esopo se conocen en el mundo entero y aún hoy se siguen publicando. Todos sabemos de las historias de la hormiga y la cigarra, la liebre y la tortuga o de la gallina de los huevos de oro, entre muchas otras.
Revisionistas de la antigua literatura griega tuvieron un hallazgo capaz de conmover las bases de la filología helénica. Mediante los estudios realizados a viejos escritos de distintos autores, están en condiciones de afirmar que el famoso Esopo nunca existió. Más aún, descubrieron una verdadera confabulación de un grupo de moralistas que ideó a ése personaje para adjudicarle la creación de ciertas fábulas que, en realidad, no son otra cosa que edulcoradas y pacatas adaptaciones de las directas y crudas versiones originales. Las dudas sobre Esopo surgieron de los datos erráticos sobre su biografía. Algunos autores daban como lugar de su nacimiento a la ciudad de Tracia, otros a Frigia. Hay quienes lo sindican como nativo de la isla de Samos y quienes sostienen que nació en Sardes. Incluso, algunos biógrafos lo creen egipcio. Otra controversia se presenta en cuanto a la época en la que supuestamente vivió. Se dice que entre los años 570 y 526, entre 510 y 594 o entre 612 y 527 a.c. Lo cierto es que todos estos dudosos datos hicieron que los investigadores se dedicaran a estudiar profundamente a Esopo y llegaran a la conclusión de su inexistencia y al motivo por el cual los celadores de la moral griega lo inventaron. Descubrieron que sí hubo un creador de fábulas, un jóven brillante que mediante sus relatos intentaba despertar las conciencias dormidas del pueblo. Sus obras, para evitar la censura, se presentaban como cuentos para niños y los protagonistas eran animales. Pronto sus trabajos se conocieron en toda Grecia haciendo famoso a su autor.
Cuenta la historia que cuatro jóvenes amigos se encontraban en una cantina de la ciudad de Argos bebiendo kykeon, cuando Empédocles, un asiduo concurrente, los puso al tanto de que treinta magistrados (los treinta tiranos) habían conformado un gobierno oligárquico en reemplazo de la democracia ateniense. La noticia pegó fuerte en el ánimo de la muchachada, que se calentó mal y decidió participar activamente en contra del nuevo gobierno. Dos de ellos, Protio y Tritio, viajaron a Atenas para enrolarse en las milicias de la resistencia. Deuterio, el mayor de los cuatro y con habilidad para el discurso político, decidió recorrer Grecia y arengar a la población en contra de las nuevas autoridades. Por último, Isótopo, que era poseedor de un gran talento para las artes, se propuso reunir gente en las ciudades y criticar al régimen oligarca recitando fábulas opositoras.
De Protio y Tritio nunca se volvió a tener noticias. Deuterio, que había conseguido cierto renombre, fue asesinado en Tebas por Trigémino, un tipo con alteraciones nerviosas.
Las fábulas de Isótopo tuvieron un éxito fantástico. En las plazas, asambleas y gimnasios se debatía sobre ellas. Los títulos más conocidos fueron ¨Los cerdos en el gobierno¨, que se cree sirvió de base para la obra de Orwell ¨Rebelión en la granja¨ , ¨El mando en manos de las bestias¨ y ¨Los débiles no importan¨ En ellas se hablaba siempre de las injusticias que cometían los animales poderosos, en una alegoría sobre la situación que vivía el pueblo bajo el yugo de la clase dominante Los comentarios que generaban las obras llegaron a oídos de los gobernantes que ordenaron acallar la voz opositora del fabulista.
Un grupo de intelectuales notables que respondía al gobierno, conformó un clan conocido como ¨epístola expedita¨ y se dedicó exclusivamente a buscar una solución que diera un corte definitivo al asunto. Coincidieron en que lo mejor sería armar varias compañías de contadores de fábulas que recorrieran Grecia, difundiendo hasta la saturación historias que fueran inofensivas para el sistema y que se confundieran con las que contaba Isótopo, adjudicando la autoría de las obras a un personaje ficticio que acordaron llamar Esopo porque les sonaba pegadizo y se asemejaba al nombre del joven contestatario.
Conjuntamente con estas acciones se ordenó la detención de Isótopo y se lo condenó a muerte por atentar contra el régimen. Algunos historiadores dicen que, al igual que Sócrates, se lo envenenó con cicuta. Sin embargo, los revisionistas que hicieron esta investigación descreen de esa versión y aseguran que, para no darle el mismo rango que al reconocido filósofo, los verdugos obligaron a Isótopo a ingerir sandía con vino, convirtiéndolo en la primera víctima de este dúo letal.