La feria de fracasos de los hermanos Tobrossian, por Brandon Lima
Mucha gente recuerda, todavía, la feria de fracasos de los hermanos Tobrossian. ¿Cómo podrían olvidarse de esa pista de arena en la que se presentaban números aburridísimos que fallaban recurrentemente? Los hermanos Tobrossian intentaron armar un circo capaz de competir con los más renombrados y para ello recorrieron el mundo entero buscando a los mejores artistas. Tantos viajes por los cinco continentes terminaron por consumir sus ahorros, por lo que no estaban en condiciones de contratar ni siquiera a los menos talentosos trabajadores circenses. Decidieron entonces, para aprovechar la carpa que ya habían comprado, montar un espectáculo con personas que no habían sido aceptadas en otras compañías, conformando una especie de cooperativa en la que se repartieran las ganancias.
Después de las pruebas y ensayos correspondientes, tomó forma una de las obras mas espantosas que se hayan representado en toda la historia.
El acto comenzaba con un maestro de ceremonias húngaro y tartamudo, que hacía presentaciones larguísimas e incomprensibles. A continuación salía a la arena ¨Lagrimita¨, un payaso depresivo que lloraba durante quince minutos, sumiendo en la más absoluta tristeza a todos los niños presentes.
El mentalista ¨Huggus¨ seleccionaba al azar a una persona del público y le aseguraba que era capaz de decir un número de documento sin acertar nunca el que perteneciera al espectador escogido. A continuación preguntaba: - ¿Su número de documento es veintitrés millones seiscientos doce mil cuarenta y siete? -¡No!, respondía invariablemente el elegido. En ese momento la concurrencia estallaba en aplausos.
La presentación de los mellizos Mc Lean, los enanos más altos del mundo, despertaba cierta curiosidad. El acto consistía en una breve caminata de los dos pelirrojos de 1,70 mts de estatura., que saludaban agitando las manos.
El domador de ladillas pasaba por el proscenio sin pena ni gloria, porque las acciones de los bichos no eran visibles ni desde la primera fila. Algunos decían que el domador sólo hacía gestos sobre una mesa vacía. Otros, mientras se rascaban la entrepierna, aseguraban que el tipo había llevado las ladillas pero que éstas no lo obedecían y se le habían escapado.
El número central consistía, cada noche, en el debut por fuerza mayor de un trapecista que intentaba, sin éxito, la más dificultosa prueba de altura a la que se haya aspirado jamás.
Generalmente la mujer barbuda era abucheada por el público, debido a que por una típica cuestión de coquetería femenina se afeitaba antes de cada función.
El llamado ¨globo de la muerte¨ despertaba rechazo en los espectadores. Se trataba de la presentación del único faquir gordo del mundo, que se alimentaba de porotos y lentejas e inflaba un globo de cumpleaños con sus flatulencias, hasta hacerlo estallar.
El cierre estaba a cargo del mago Jurgensen, quien luego de hacer malabares con tres nueces aseguraba que iba a partir una por la mitad y de su interior saldría un elefante africano de tamaño natural. El número siempre terminó en fracaso, aunque algunos tramoyistas del circo cuentan que una noche, mientras el mago practicaba sus malabares tras bambalinas, una de las nueces se le cayó y se partió al medio despidiendo de su interior a un elefante africano que quedó muerto en el piso.
La feria se disgregó en su mejor momento por un problema de reparto de dividendos, pues los creadores de los actos más atractivos renunciaron en disconformidad por el pago adicional que recibía el hombre bala, que era también el tragasables.
Mucha gente recuerda, todavía, la feria de fracasos de los hermanos Tobrossian. ¿Cómo podrían olvidarse de esa pista de arena en la que se presentaban números aburridísimos que fallaban recurrentemente? Los hermanos Tobrossian intentaron armar un circo capaz de competir con los más renombrados y para ello recorrieron el mundo entero buscando a los mejores artistas. Tantos viajes por los cinco continentes terminaron por consumir sus ahorros, por lo que no estaban en condiciones de contratar ni siquiera a los menos talentosos trabajadores circenses. Decidieron entonces, para aprovechar la carpa que ya habían comprado, montar un espectáculo con personas que no habían sido aceptadas en otras compañías, conformando una especie de cooperativa en la que se repartieran las ganancias.
Después de las pruebas y ensayos correspondientes, tomó forma una de las obras mas espantosas que se hayan representado en toda la historia.
El acto comenzaba con un maestro de ceremonias húngaro y tartamudo, que hacía presentaciones larguísimas e incomprensibles. A continuación salía a la arena ¨Lagrimita¨, un payaso depresivo que lloraba durante quince minutos, sumiendo en la más absoluta tristeza a todos los niños presentes.
El mentalista ¨Huggus¨ seleccionaba al azar a una persona del público y le aseguraba que era capaz de decir un número de documento sin acertar nunca el que perteneciera al espectador escogido. A continuación preguntaba: - ¿Su número de documento es veintitrés millones seiscientos doce mil cuarenta y siete? -¡No!, respondía invariablemente el elegido. En ese momento la concurrencia estallaba en aplausos.
La presentación de los mellizos Mc Lean, los enanos más altos del mundo, despertaba cierta curiosidad. El acto consistía en una breve caminata de los dos pelirrojos de 1,70 mts de estatura., que saludaban agitando las manos.
El domador de ladillas pasaba por el proscenio sin pena ni gloria, porque las acciones de los bichos no eran visibles ni desde la primera fila. Algunos decían que el domador sólo hacía gestos sobre una mesa vacía. Otros, mientras se rascaban la entrepierna, aseguraban que el tipo había llevado las ladillas pero que éstas no lo obedecían y se le habían escapado.
El número central consistía, cada noche, en el debut por fuerza mayor de un trapecista que intentaba, sin éxito, la más dificultosa prueba de altura a la que se haya aspirado jamás.
Generalmente la mujer barbuda era abucheada por el público, debido a que por una típica cuestión de coquetería femenina se afeitaba antes de cada función.
El llamado ¨globo de la muerte¨ despertaba rechazo en los espectadores. Se trataba de la presentación del único faquir gordo del mundo, que se alimentaba de porotos y lentejas e inflaba un globo de cumpleaños con sus flatulencias, hasta hacerlo estallar.
El cierre estaba a cargo del mago Jurgensen, quien luego de hacer malabares con tres nueces aseguraba que iba a partir una por la mitad y de su interior saldría un elefante africano de tamaño natural. El número siempre terminó en fracaso, aunque algunos tramoyistas del circo cuentan que una noche, mientras el mago practicaba sus malabares tras bambalinas, una de las nueces se le cayó y se partió al medio despidiendo de su interior a un elefante africano que quedó muerto en el piso.
La feria se disgregó en su mejor momento por un problema de reparto de dividendos, pues los creadores de los actos más atractivos renunciaron en disconformidad por el pago adicional que recibía el hombre bala, que era también el tragasables.