Terapia, por Brandon Lima
Omar Hakim, tiene cincuenta y dos años, una ex esposa con la que estuvo casado doce, dos hijos adolescentes y una nueva pareja, Romina, a la que le lleva veinte años y con la que convive desde hace dos.
Omar, hijo único, heredó de sus padres sirios un taller textil que se volvió insostenible en la crisis económica del 2001. Ayudado por la suerte consiguió vender la empresa familiar e instaló un restaurante de comidas árabes en la zona de Palermo, que además de resultar económicamente exitoso lo convirtió en un referente gastronómico de Buenos Aires.
Omar diversificó sus inversiones, transformándose en un próspero empresario.
Su relación con Cecilia, su ex esposa, es buena y es un excelente padre para Fátima y Martín.
En Romina encontró una mujer que lo ama y lo comprende.
A pesar de haber superado momentos difíciles y de obtener logros importantes, Omar no es feliz.
Una extraña sensación de vacío y tristeza lo angustia. No entiende el motivo de lo que le sucede. Tiene éxito profesional, estabilidad familiar, buena salud, prosperidad económica, ¿que más podría pedir?. Además se siente culpable por no poder disfrutar de su situación sabiendo que cualquiera de sus amigos, salvo el manco Fornaroli, daría su brazo derecho por estar en su lugar.
En estas circunstancias decide consultar con su amiga Nora, psiquiatra que le prescribe un antidepresivo y que cree necesario derivarlo a un psicólogo.
-¿Para que un psicólogo? Yo no estoy loco, Nora
-Ya lo se Omar, pero creo que la terapia es necesaria para que puedas superar tus problemas. Estoy segura de que es lo mejor para vos y te va a ser de gran ayuda.
-Decime ¿Cómo va a ayudarme un tipo que no me conoce y a quien no conozco, a superar algo que tampoco sé que es?. Sinceramente, no creo que sirva.
-Soy tu amiga y quiero verte bien, pero además, como psiquiatra, tengo la certeza de que junto con el tratamiento médico, es imprescindible que hagas terapia…
-Está bien Nora, respeto tu opinión y voy a hacer lo que me decís, pero te aviso que no creo en los psicólogos, los veo tan chantas como a los videntes y a los curanderos.
-¡No seas bestia, Omar!, la psicología ha dado amplias muestras de su utilidad. Además no es una cuestión de creer, es una ciencia que prepara a los psicólogos para que los pacientes puedan mejorar su calidad de vida. Voy a recomendarte a Sergio Tarnowsky, que es un capo en lo suyo y, además, un amigo personal.
-Buenísimo, psicólogo y judío, justo lo que un hijo de árabes como yo necesita.
-Dale, dejá esos quilombos para medio oriente y pedí un turno con Sergio.
Cuando el licenciado Tarnowsky hizo pasar a Omar al consultorio se encontró con un paciente que traía una alta carga de ansiedad y agresividad y que, tal como le había advertido Nora, no tenía la menor confianza en la terapia.
-Bueno Omar, cuénteme que es lo que le está pasando
-Ah no viejo (casi gritando), empezamos como el culo!, justamente vengo a verlo porque no se que me pasa, eso es lo que Ud. me tiene que decir, si yo supiera que me está pasando no hubiera venido!. Le dije a Nora que esto era al pedo…
- Espere Omar, tranquilícese. Para saber que es lo que lo angustia tanto vamos a tener que trabajar juntos y para eso necesito que me permita conocer que siente interiormente, cuales son los pensamientos perturbadores que lo acometen, la mente construye intrincados laberintos que desvían el foco de nuestra angustia como un mecanismo de defensa que nos evita enfrentar…
-Mire Dr. (interrumpe)..
-Licenciado, pero llámeme Sergio
-Bueno, Sergio. No le entendí un carajo, pero está bien, ya estoy acá, ¿que quiere saber?
-¿Que le parece a Ud. que es importante que yo sepa, Omar?
-No se, a veces siento que mi separación le complicó la vida a los chicos y eso me genera culpa, pero cuando una pareja no funciona ¿existe otra alternativa?
-¿Ud. que cree?
-Que no. Siempre nos quisimos con Cecilia, pero la rutina destruye a las parejas ¿verdad?
-¿Le parece?
-Y, si…, al menos a nosotros nos pasó eso.
-Bueno Omar, dejemos acá y seguimos la semana próxima.
El tiempo transcurrió, hasta que pocos meses después Omar debió volver a la consulta con su psiquiatra.
-¡Y Omar? ¿Cómo estás?
-¡Bárbaro Nora! Tenías razón, Sergio es un capo, que Freud ni Lowenstein, Tarnowsky es lo más.. El tipo tiene respuestas para todo.
-¿Encontraron la causa de tus problemas?
-No, no estamos ni cerca de eso, pero la verdad es que ya no me importa.. Me cambió la vida! Me da un poco de vergüenza contarte esto, pero yo me sentía muy bien hablando con Sergio y él me confesó que tenía una conexión muy especial conmigo. Me derivó a otro psicólogo porque ahora no puede seguir siendo mi terapeuta. Tenemos una relación distinta, más cercana, más familiar. Me propuso que vivamos juntos y estoy pensando en aceptar…
Omar Hakim, tiene cincuenta y dos años, una ex esposa con la que estuvo casado doce, dos hijos adolescentes y una nueva pareja, Romina, a la que le lleva veinte años y con la que convive desde hace dos.
Omar, hijo único, heredó de sus padres sirios un taller textil que se volvió insostenible en la crisis económica del 2001. Ayudado por la suerte consiguió vender la empresa familiar e instaló un restaurante de comidas árabes en la zona de Palermo, que además de resultar económicamente exitoso lo convirtió en un referente gastronómico de Buenos Aires.
Omar diversificó sus inversiones, transformándose en un próspero empresario.
Su relación con Cecilia, su ex esposa, es buena y es un excelente padre para Fátima y Martín.
En Romina encontró una mujer que lo ama y lo comprende.
A pesar de haber superado momentos difíciles y de obtener logros importantes, Omar no es feliz.
Una extraña sensación de vacío y tristeza lo angustia. No entiende el motivo de lo que le sucede. Tiene éxito profesional, estabilidad familiar, buena salud, prosperidad económica, ¿que más podría pedir?. Además se siente culpable por no poder disfrutar de su situación sabiendo que cualquiera de sus amigos, salvo el manco Fornaroli, daría su brazo derecho por estar en su lugar.
En estas circunstancias decide consultar con su amiga Nora, psiquiatra que le prescribe un antidepresivo y que cree necesario derivarlo a un psicólogo.
-¿Para que un psicólogo? Yo no estoy loco, Nora
-Ya lo se Omar, pero creo que la terapia es necesaria para que puedas superar tus problemas. Estoy segura de que es lo mejor para vos y te va a ser de gran ayuda.
-Decime ¿Cómo va a ayudarme un tipo que no me conoce y a quien no conozco, a superar algo que tampoco sé que es?. Sinceramente, no creo que sirva.
-Soy tu amiga y quiero verte bien, pero además, como psiquiatra, tengo la certeza de que junto con el tratamiento médico, es imprescindible que hagas terapia…
-Está bien Nora, respeto tu opinión y voy a hacer lo que me decís, pero te aviso que no creo en los psicólogos, los veo tan chantas como a los videntes y a los curanderos.
-¡No seas bestia, Omar!, la psicología ha dado amplias muestras de su utilidad. Además no es una cuestión de creer, es una ciencia que prepara a los psicólogos para que los pacientes puedan mejorar su calidad de vida. Voy a recomendarte a Sergio Tarnowsky, que es un capo en lo suyo y, además, un amigo personal.
-Buenísimo, psicólogo y judío, justo lo que un hijo de árabes como yo necesita.
-Dale, dejá esos quilombos para medio oriente y pedí un turno con Sergio.
Cuando el licenciado Tarnowsky hizo pasar a Omar al consultorio se encontró con un paciente que traía una alta carga de ansiedad y agresividad y que, tal como le había advertido Nora, no tenía la menor confianza en la terapia.
-Bueno Omar, cuénteme que es lo que le está pasando
-Ah no viejo (casi gritando), empezamos como el culo!, justamente vengo a verlo porque no se que me pasa, eso es lo que Ud. me tiene que decir, si yo supiera que me está pasando no hubiera venido!. Le dije a Nora que esto era al pedo…
- Espere Omar, tranquilícese. Para saber que es lo que lo angustia tanto vamos a tener que trabajar juntos y para eso necesito que me permita conocer que siente interiormente, cuales son los pensamientos perturbadores que lo acometen, la mente construye intrincados laberintos que desvían el foco de nuestra angustia como un mecanismo de defensa que nos evita enfrentar…
-Mire Dr. (interrumpe)..
-Licenciado, pero llámeme Sergio
-Bueno, Sergio. No le entendí un carajo, pero está bien, ya estoy acá, ¿que quiere saber?
-¿Que le parece a Ud. que es importante que yo sepa, Omar?
-No se, a veces siento que mi separación le complicó la vida a los chicos y eso me genera culpa, pero cuando una pareja no funciona ¿existe otra alternativa?
-¿Ud. que cree?
-Que no. Siempre nos quisimos con Cecilia, pero la rutina destruye a las parejas ¿verdad?
-¿Le parece?
-Y, si…, al menos a nosotros nos pasó eso.
-Bueno Omar, dejemos acá y seguimos la semana próxima.
El tiempo transcurrió, hasta que pocos meses después Omar debió volver a la consulta con su psiquiatra.
-¡Y Omar? ¿Cómo estás?
-¡Bárbaro Nora! Tenías razón, Sergio es un capo, que Freud ni Lowenstein, Tarnowsky es lo más.. El tipo tiene respuestas para todo.
-¿Encontraron la causa de tus problemas?
-No, no estamos ni cerca de eso, pero la verdad es que ya no me importa.. Me cambió la vida! Me da un poco de vergüenza contarte esto, pero yo me sentía muy bien hablando con Sergio y él me confesó que tenía una conexión muy especial conmigo. Me derivó a otro psicólogo porque ahora no puede seguir siendo mi terapeuta. Tenemos una relación distinta, más cercana, más familiar. Me propuso que vivamos juntos y estoy pensando en aceptar…