domingo, 2 de agosto de 2009

La poco conocida tribu Yomonami , por Ornella Di Cesaris

El investigador francés Jacques Beaumont, al frente de un equipo de científicos enviados por su país, recorría la selva amazónica en busca de ciertas hierbas medicinales que la tribu Yomonami había utilizado desde épocas remotas y que podrían ser de gran utilidad para tratar diversos tipos de tumores malignos. Los estudios médicos realizados sobre el grupo étnico mencionado, dieron como resultado que estos aborígenes pocas veces padecían de cáncer y se cree que lograban derrotar a la enfermedad bebiendo cotidianamente una infusión de ¨aeta fibragenies¨, la planta que los expedicionarios franceses trataban de encontrar.
Separado por unos pocos metros del resto del grupo, Beaumont halló una vieja pero bien conservada lámpara metálica que le hizo recordar a las que, en los cuentos infantiles, albergaban genios. Llevado por un gesto intuitivo, la frotó y ante sus ojos incrédulos se corporizó una figura gigantesca que le ofreció cumplir un deseo.
-Pídelo y se cumplirá, dijo el aparecido.
Beaumont lo pensó unos segundos y gritó:
-¡Hazme rico, quiero que me hagas riquísimo!
-Concedido, dijo el genio.
Y seguramente, el genio cumplió, porque los yomonamis, que además de beber infusiones eran antropófagos, recuerdan a Jacques Beaumont como al más exquisito hombre blanco que hayan probado.