viernes, 1 de octubre de 2010

El idioma del amor, por Gerardo Prospitti (cronista jubilado)

Recuerdo que esa noche me había quedado con los linotipistas diagramando mi columna del diario. Era invierno y se había hecho tarde. Salí pensando en ir a comer algo rápido y después volver a mi departamento y mirar algo de tele.
Recién separado, mi vida social era bastante monótona. Mientras caminaba hacia el restaurante en el que solía cenar, un hombre delgado vestido en forma desprolija se me acercó:
-Buenas noches Prospitti. Se que Ud. es periodista y tengo una historia que le puede resultar interesante. Disculpe que lo haya abordado de esta manera, pero estoy en la mala. Si me invita a comer, se la cuento.
Seguramente, en otro momento, hubiera buscado una buena excusa para negarme a la charla, pero ante la perspectiva de cenar solo y cierta curiosidad que me despertó la propuesta, decidí aceptar el trato.
-Vamos, le dije. Sin pronunciar palabra y con paso veloz caminamos hasta el boliche.
En cuanto nos sentamos el tipo empezó a hablar:
-Me llamo Ramiro Bronzoni. Hace algunos años estudiaba filosofía y participaba activamente en un movimiento de izquierda, luchando por la reivindicación de los derechos estudiantiles. En una de las reuniones que solíamos organizar conocí a Paula, una flaquita de pelo largo y lacio con los ojos verdes más claros que vi en mi vida. Era la mujer mas linda del mundo. Le entregué unos folletos y me puse a hablar con ella. Charlamos un rato largo y la invité a tomar algo. ¿Puedo pedir una napolitana con puré?
-¿Eso le dijo? Cero romanticismo la mina…
-No Prospitti, eso lo digo yo. ¿Puedo pedir una napolitana con puré? Hace un rato que estamos hablando y tengo hambre. Le dije que estoy en la mala…
-Si hombre, pida… y siga contando
-Bueno, Paula fue a tomar un café conmigo y lo pasamos muy bien. Nos volvimos a encontrar casi diariamente las dos semanas posteriores y finalmente se quedó a dormir en mi departamento, mintiéndoles a los viejos que se quedaba en casa de una amiga.
Todo iba bien hasta que una tarde, con gesto preocupado y voz temblorosa, me dijo que teníamos que hablar. Me asusté y cuando supe lo que pasaba entendí que realmente era para preocuparse. El padre de Paula trabajaba en la SIDE, era experto en tareas de inteligencia, participaba en agrupaciones políticas de extrema derecha y tenía estrecha relación con autoridades eclesiásticas. Si se enteraba de nuestra relación, ella y yo tendríamos problemas. Sobre todo yo, imagínese como se tomaría que el novio de su hija fuera un zurdito activista.
Paulita estaba desesperada. Creo que tenemos que cortarla…
- Y, sí Ramiro, si no la cortamos nos vamos a atragantar con semejante milanesa. Cortémosla y comamos el puré antes de que se enfríe…
-No, Prospitti, tenemos que cortarla me dijo Paula. Y se puso a llorar. El viejo iba a descubrirnos en cualquier momento y tenía miedo de lo que pudiera pasar. Yo me negué a que dejáramos de vernos, le dije que la amaba y que estaba dispuesto a cualquier cosa por ella. Si era necesario iría a enfrentarme con el viejo, no me importaba nada.
Paulita me besó y me dijo que ella tampoco quería dejarme, pero que no era el momento para enfrentar al padre. Si seguíamos con lo nuestro deberíamos hacerlo a escondidas y sin que nadie se entere.
La situación era difícil, porque en cuanto el tipo sospechara que la nena andaba en algo raro, no le faltarían medios para averiguar que estaba pasando.
Esa noche no pude dormir pensando en cómo podríamos hacer para que mis encuentros con Paula no fueran descubiertos. Pensaba y pensaba sin encontrar la solución hasta que, inesperadamente, se me ocurrió una idea genial: hagamos un alfabeto sólo para nosotros dos y comuniquémonos con notas que luego destruiremos. A la mañana, bien temprano, me fui a la facu a esperar a Paula. Apenas llegó le conté mi idea. Fijate, le dije, cambiamos cada letra de la palabra por la que le sigue en el abecedario. Por ejemplo, ¨te espero en el bar¨ sería ¨uf ftqfsp fñ fm cbs¨. Yo se que es complicadísimo, pero con el tiempo te vas a acostumbrar y podremos comunicarnos sin que nadie se entere…
La flaca me miró con una pena infinita. - ¡Mi amor!, me dijo, cuando mi papá y yo queríamos decirnos algo sin que mi mamá se entere hacíamos exactamente lo mismo. Yo tendría en esa época siete u ocho años…, no te olvides que mi viejo es experto en el tema. Tenemos que encontrar otra manera…
Todo lo que se nos ocurría nos parecía de resolución sencilla para un agente de inteligencia. Nos pasábamos las tardes buscando una alternativa. Finalmente decidimos que lo mejor sería inventarnos un idioma y así lo hicimos. Nuestro lenguaje consistía en asignarle a cada palabra un significado distinto. Pasamos casi cuatro años creando y aprendiendo el uso de este nuevo idioma.
Para nosotros casa se decía rostro, árbol se llamaba lunes, alto se dice nombre. Los pronombres, artículos y preposiciones se mantenían como los originales, al igual que los verbos ser y flotar. El color rojo se llama verde, el azul es naranja. Por supuesto, a la fruta llamada naranja no se la llamará azul sino azalea. Memorizar y acostumbrarse al uso de la nueva lengua fue una tarea ardua y aburrida, pero finalmente entendíamos que ¨El lunes es nombre¨ significaba ¨el árbol es alto¨ y ¨mi rostro es verde¨ correspondía a ¨mi casa es roja¨.
El padre de Paula nunca se enteró de nada, pero tal vez por algunos errores de interpretación que hicieron que uno entendiera ¨te espero en Moreno¨ en lugar de ¨te espero en Morón¨, o por lo tedioso que se volvía pasar meses enteros sin darnos siquiera un beso para preparar y estudiar nuestro idioma, o a lo mejor por las constantes discusiones que teníamos porque para mi habíamos acordado que ¨zapato¨ se decía ¨corchea¨ y ella aseguraba que decidimos llamarlo ¨mortero¨, lo cierto es que nuestra relación se fue desgastando hasta que finalmente dejamos de vernos. Yo no pude soportar la separación y me entregué al alcohol. Dejé la facultad, robé y fui pordiosero hasta que unos misioneros pertenecientes al grupo de los Postigos de Escobar me llevaron a alcohólicos anónimos y me ayudaron a reencausar mi vida. Ya no bebo, pero nunca pude formar una familia…
-¿Eso es todo? ¿Ya terminó?
-No, quisiera un flan mixto y un cafecito…
-No hombre, digo si terminó la historia. ¡Que pasó con Paula?
-Ella también quedó marcada. Conciente de que solamente alguien que la quisiera muchísimo sería capaz de hacer lo que yo había hecho para que estemos juntos, pasó un largo tiempo sola, hasta que conoció a un muchacho del que se enamoró. El le dijo que la quería, pero Paula le pidió que si de verdad la amaba, se lo demostrara estudiando mandarín. El tipo le dijo que si y estudió muchos años hasta que finalmente la dejó y se casó con la hija del dueño de un supermercado chino.

Pagué la cuenta, le di un apretón de manos a Ramiro y salí a la calle. Hacía frió. Prendí un cigarrillo y caminé hasta mi casa.
Antes de quedarme dormido intenté leer un artículo de una revista alemana. Hice el ejercicio de cambiar cada letra de la nota por la que le seguía en orden en el abecedario. Fue inútil. No entendí un carajo.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Hombre Lobo, por Monseñor Jaime Roitman

En algún momento de mi juventud, llegó a mis manos un libro que relataba las biografías de personas desdichadas. La monumental obra del escritor germánico Baudilio Vado tiene por título, en su idioma original, una frase que hace referencia a las cruentas vicisitudes que los protagonistas debieron afrontar, que bien podría traducirse a nuestra lengua como ¨Vidas de Mierda¨.
En el capítulo tercero se relata la historia de Dimitry Pávlov, considerada por algunos como la génesis de la leyenda del hombre lobo. A continuación se reproduce el capítulo mencionado, que el autor dio en llamar en un alarde de ingenio y creatividad ¨Biografía de Dimitry Pávlov¨.
¨Era realmente dura la vida en Tsaritsyn. El viento que soplaba desde las costas del Volga hacía que las tardes de enero fueran aún más frías que los ocho grados bajo cero que solían registrar los termómetros. Después de una larga jornada de trabajo, el joven Dimitry Pávlov decidió calentar agua para mezclarla con vodka . Esa pócima le servía como combustible para emprender el camino de seis kilómetros que lo separaban de la casa. Mientras juntaba ramas para encender el fuego, sintió un ruido proveniente del pastizal. Alzó la vista, no vio nada y siguió con su tarea. Volvió a escuchar algo, esta vez a sus espaldas. Se dio vuelta y alcanzó a ver un cuerpo oscuro que se abalanzaba sobre él. Unas garras filosas se clavaron en su pecho y los dientes enormes desgarraron su carne. La muerte parecía inminente, pero la bestia, inexplicablemente, emprendió una veloz retirada hacia el monte.
La familia del muchacho no podía creer que el violento ataque sólo haya dejado algunas cicatrices, sin dudas había tenido suerte.
Con el tiempo, Dimitry fue teniendo algunos cambios en su conducta. Dejó de frecuentar a sus amigos y se volvió un ser solitario. Su sentido del olfato se desarrolló de una manera increíble y era capaz de reconocer a las personas por su olor a varios metros de distancia. Los viernes no ingería ningún otro alimento que no fuera carne y la consumía sin cocer. Ya no usaba cubiertos, comía con las manos y bebía directamente de los jarros, cuando no de los charcos en el suelo.
Tsaritsyn no era en esos tiempos más que un pequeño poblado, por lo que los vecinos no tardaron en notar la extravagante conducta del muchacho e intentaron lincharlo una noche de luna llena.
Konstantin Diatlov era un hechicero que salvó la vida de Dimitry y lo acogió en su hogar. Sus conocimientos de alquimia y brujería consiguieron mejorar las extrañas costumbres del joven y una vez que estuvo en condiciones lo envió a la casa de Igor Korovin, un viejo amigo que vivía en Kostroma.
Korovin alojó al enviado y lo recomendó para trabajar con unos conocidos que estaban formando una compañía de teatro y danza. Piotr Urusov y Michael Maddox contrataron a Dimitry como secretario y lo incorporaron a su grupo. Durante varios meses trabajaron sin descanso y antes de finalizar el año 1776, organizaron una gran reunión e invitaron a las personas más importantes de Rusia, incluso hasta a la mismísima emperatriz Catalina La Grande, para presentar en sociedad al Teatro y Ballet Bolshoi.
La fiesta fue un éxito, pero marcó el comienzo del fin para Dimitry. Algo que no debió comer le produjo una recaída casi instantánea. Fue patético verlo husmear en los traseros de todos los invitados, que, a excepción de un grupo de bailarines, lo echaban a patadas.
Algunos días después fue arrestado cuando agentes de la policía lo sorprendieron desnudo, manteniendo relaciones sexuales en la calle con una perra siberiana. La belleza de la perra no sirvió como atenuante para aliviar su pena y fue condenado a terminar sus días en un loquero.¨
El capítulo treinta y nueve del libro de Vado relata otra historia de hombre lobo. Es la siguiente:
¨En la ciudad china de Shenyang una joven pareja sueña con una familia numerosa. Una verdadera utopía en su país. Deciden viajar a Sud América e instalan un supermercado en Buenos Aires. Hu Ang se encargaba de las compras y Mai Xian atendía la caja.
En La Argentina pudieron cumplir su sueño y tuvieron siete hijos. Todos varones.
Las vecinas les advirtieron que si no hacían apadrinar al último hijo por el presidente, el niño sería lobizón. La pareja no hizo caso a la sugerencia y fue así que el pequeño Lau Tao sufrió una extraña mutación: la combinación de la leyenda argentina con sus genes chinos no lo convirtieron en hombre lobo sino en perro pekinés. Un mal menor, dijeron algunos. -No crea, contestó Hu Ang; Lau Tao ladra todo día y muerde tobillo con diente finito. Rompe mucho bolas Lau Tao.

domingo, 11 de julio de 2010

La logia secreta, por Robert de Bruce


Cuando en los más importantes cenáculos literarios se discute sobre las grandes novelas policiales, resulta imposible olvidar la obra de Paul Hagner. Y esto es exactamente así, porque no hay manera de dejar en el olvido lo que se desconoce por completo.
De todos modos, los seguidores del ilustre irlandés revolucionario, reivindican a Hagner como uno de los próceres del género, no tanto por su aporte literario sino por un antiguo affaire que habría sostenido en su juventud con Agatha Christie.
La novela de Paul Hagner ¨La logia secreta de los justicieros¨ dejó recuerdos imborrables. Uno de ellos fue el escándalo en que terminó el reportaje radial efectuado en la Feria del Libro, cuando un periodista preguntó al célebre escritor analfabeto acerca del motivo por el cual nunca había aprendido a leer. La respuesta de Hagner fue que, lejos de resultarle un contratiempo, consideraba una ventaja no haber leído jamás porque eso lo mantenía libre de la influencia de otros escritores. No obstante, reconoció que sí le hubiera resultado útil aprender a escribir, para no tener que incomodar a su transcriptor Joan Lluc Riusec. Ante la explicación del periodista de que escribir y leer eran acciones que se aprendían indivisiblemente en el mismo acto, el escritor supuso que lo estaba cargando y en uno de sus tantos brotes psicóticos le clavó una birome en el ojo.
Otro hecho bochornoso sucedió el día de la presentación de la novela. Reunidos, gracias a la intervención de un integrante de la comisión directiva, en el baño de caballeros del club Glorias Argentinas, se encontraban el autor, el pintor catalán Joan Lluc Riusec (que había ilustrado la obra), dos de los tres integrantes del club de admiradores de Paul Hagner y Domingo Pasalacqua, un relator de fútbol del ascenso de una emisora barrial, con cierta fama de intelectual y amigo del escritor. Pasalacqua comenzó su alocución agradeciendo la presencia de quienes allí se encontraban, incluyendo al rengo González que había entrado a orinar. A continuación se detalla textualmente el discurso de Pasalacqua: ¨Agradezco profundamente al amigo Paul Hagner, por quien siento un especial cariño, que me haya convocado para presentar su novela. No creo que Paul sea un escritor genial, en realidad lo considero menos que mediocre. Tampoco puedo catalogarlo de inteligente ni de buena persona. Se preguntarán, entonces, por que lo aprecio. Sinceramente no lo se. Es probable que solamente se deba a mi extraordinaria capacidad de dar amor. Pero el motivo de mis palabras no debe dirigirse a la persona sino a su obra y en este contexto, debo ser absolutamente sincero y reconocer que la novela, honestamente, me sorprendió. Es infinitamente peor a lo que hubiera podido imaginar. Me resultó deleznable…¨ En ese momento Hagner, como corresponde, lo cagó a trompadas dando por terminado el acto.
La revista ¨Chi Chicago¨, en su sección literaria, hizo una interesante crítica de la obra: ¨..la novela es original pero debe admitirse que su abordaje, para quienes no están familiarizados con el estilo del autor, se vuelve algo denso, intrincado, difícil de seguir e incluso podría decirse que es excesivamente extensa a pesar de estar compuesta por sólo tres carillas, siendo dos de ellas ocupadas por las ilustraciones de Riusec. Es éste, sin dudas, uno de los más logrados trabajos de Hagner¨. En el número posterior, ante los reclamos de los lectores, la revista publicó una fe de erratas que decía: ¨donde dice más logrados léase malogrados¨.
Un análisis imparcial de ¨La logia secreta de los justicieros¨ permite definirla como una novela policial con fuertes aditamentos psicológicos. Debe admitirse que la trama es extraña: la Logia es tan estrictamente secreta que ni siquiera sus propios integrantes recibían información sobre los lugares y horarios de reunión, menos aún les son revelados los casos en los que deben intervenir. Para resguardar la seguridad personal de los justicieros, jamás son anoticiados sobre su pertenencia a la logia. En ocasiones el autor da a entender que la organización tiene un solo integrante y en otras deja entrever que los miembros son más de quince mil.
El párrafo en el que el protagonista termina con el temible asesino transformista es antológico: ¨ el ruido ensordecedor, el parpadeo de las luces y el movimiento de vaivén del viejo vagón de madera del subte de la línea ¨A¨ , me sumergió en un grado de concentración tan profundo como solamente un monje Shaolin o alguien muy mamado pueden alcanzar. Con los ojos cerrados adiviné detrás de mí al asesino. Giré con la velocidad de un relámpago mientras extraía el arma de su funda y disparé justo en la frente del peligroso delincuente que, disfrazado de dulce viejecita, cayó muerto en un inmenso charco de sangre. Por un momento, sus dos secuaces enanos, intentando hacerse pasar por niños que gritaban ¡abuelita! mientras lloraban y abrazaban a la vieja, lograron confundirme, pero rápidamente descubrí su maléfica jugada y los eliminé vaciando sobre ellos el cargador. Me bajé en Acoyte. Hace frío y llueve. Mientras camino por Rivadavia soy interceptado por un patrullero que me lleva con la cabeza tapada por mi campera sin decirme a dónde. Me putean, seguramente para que no sospeche que me trasladan a mi merecido homenaje por el deber cumplido. Me siento feliz…¨
Consultado el respetado crítico Severino Morales sobre su parecer con respecto a la novela de Paul Hagner tuvo una respuesta que seguramente es la que cuenta con mayor consenso: ¨Es una cagada¨dijo.

domingo, 2 de mayo de 2010

¨Devanshi¨ Rihandas Brapanamashi, por Brandon Lima

La India entregó al mundo seres increíbles: el príncipe Gautama Siddharta (que si bien había nacido en el actual Nepal, alcanzó el Nirvana , fue Buda y vivió en el norte de India), Mahatma Gandhi, Rabindranath Tagore, Rudyard Kipling, Jiddu Krishnamurti, Bhagwan Shree Rajneesh (Osho), Apu Nahasapeemapetilon (fundador y dueño del Kwik-E-Mart), Deepak Chopra y muchísimos mas que escapan a mi memoria.
Algunos agoreros intentan refutar la excelsitud de esta poderosa nación argumentando que en ella aún subsisten las castas y que a pesar de su muy promocionado pacifismo, fue el escenario de varios asesinatos de personalidades célebres (Indira y Rajiv Ghandi, el mismo Mahatma, Gunga Din, etc.). A ellos les pregunto, con profunda humildad, si conocen algún lugar en el que no existan las desigualdades y les pido, además, que me respondan honestamente si no es verdad que en cualquier lugar del mundo amasijan a algún punto por diferencias políticas. Con la certeza de que mi argumento habrá convencido a quienes tuvieran alguna mínima duda sobre la notoria superioridad espiritual del pueblo indio por sobre el resto del orbe, voy a referirme a un grande que, por algún extraño olvido, no ha tenido el reconocimiento que sin dudas merecía. Me refiero al Maestro Rihandas Brapanamashi, un sabio nacido en Pataliputra, ciudad a orillas del Ganges en la que residió Buda. A los seis años sorprendió a sus padres al decirles: -¨solo aquellos que abjuren de su ego estarán libres del egoísmo”. La frase es ciertamente estúpida, pero la sorpresa de sus mayores radicaba en que el idioma castellano aún no existía y todos hablaban en sánscrito. Tal vez haya sido éste uno de los motivos por los que Rihandas no fue comprendido hasta varios siglos después de su muerte. Su destino como guía espiritual fue presagiado por Mitrajit Jawahar, un respetado profeta de la época, quien en una ocasión vio al joven con un grupo de amigos disfrutando del ocio a orillas del río. Mientras sus compañeros abordaban a las jóvenes que pasaban por el lugar proponiéndoles mantener relaciones sexuales, Brapanamashi acariciaba a una paloma que parecía entender lo que la mirada del muchacho le expresaba. Fue entonces que Mitrajit Jawahar sentenció: ¨en el futuro cercano el joven Rihandas Brapanamashi será un sabio que regirá el pensamiento de miles de seguidores, o tal vez me equivoque y simplemente sea puto…¨
Finalmente Rihandas se convirtió en Devanshi (divino), título que le otorgaron sus discípulos, aunque su prédica no estaba relacionada con la religión sino con normas de convivencia con todos los seres del planeta y con la búsqueda de la excelencia en el desarrollo del ser interior.
En cierta oportunidad, Brapanamashi y Confucio se encontraron en Xi´an, ciudad china a la que Devanshi se trasladó para tener una entrevista con el filósofo de la nación vecina. El encuentro fue sumamente enriquecedor para Rihandas, en cambio a Confucio le resultó indiferente. Ante esta situación, los seguidores de Brapanamashi sostienen que la grandeza de Devanshi queda expresada en la humildad con que aceptó las ideas de Confucio, mientras que los admiradores de éste último aseguran que la grandeza del chino se evidenció al no intentar fajar al indio.
Para que el observador imparcial saque sus propias conclusiones, se transcribe un fragmento de la colosal tertulia que ambos eruditos compartieron con estudiantes de la ciudad:

Estudiante 1: Por favor iluminados, háblennos del futuro
CONFUCIO: ¨Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro¨.
BRAPANAMASHI: ¨Coincido totalmente con lo que dice acá el amigo¨.

Estudiante 2: Grandes Maestros, ¿Qué piensan de la revolución?
CONFUCIO: ¨Donde hay satisfacción no hay revoluciones¨.
BRAPANAMASHI: ¨Adhiero por completo a las palabras del Maestro¨

Estudiante 3:¿Cómo venceremos a nuestros enemigos?¨
CONFUCIO:¨ El que domina su cólera domina a su peor enemigo¨.
BRAPANAMASHI: :¨Coincido macho, coincido¨

El encuentro prosiguió durante horas con el mismo tenor hasta que un asistente intrigado por conocer el pensamiento del sabio hindú, solicitó:
-Por favor Devanshi, oriéntanos en la toma de decisiones, a lo que Rihandas respondió: ¨Si me dan a elegir entre ganar o perder elijo ganar, entre la riqueza y la pobreza escojo la primera, pero si se trata de arbitrar entre un Malbec o un Cabernet os digo que es una falsa opción pues cada uno es el correcto para determinado plato y en los ratos libres podría beberse placenteramente una copa de Merlot. Para acompañar el pescado está bien un chardonnay¨. Tal vez por éste último comentario, quizás por su andar vacilante o por lo dificultoso que se le hacía dominar la lengua en su exposición, algunos asistentes deslizaron la posibilidad de que el Maestro estuviera en pedo.
¨Devanshi¨ Rihandas Brapanamashi vivió indicándoles a sus discípulos el camino de la sabiduría. Una mañana, ante sus colaboradores íntimos, realizó un ejercicio purificador del cuerpo con una técnica de meditación que le permitía controlar su micción hasta eliminar todas las impurezas de su organismo. La muerte lo sorprendió cuando llevaba más de cuarenta y cinco horas orinando ininterrumpidamente y su concentración era tan profunda que ni su propio deceso logró detener la meada. Los funerales de Bapanamashi no pudieron ser efectuados de la tradicional manera hindú, quemando el cuerpo en una pira, porque la interminable pishada del Devanshi apagaba el fuego.
Las autoridades de la época, temiendo que los seguidores de Rihandas lo veneraran como a un dios, decidieron enterrar sus restos en forma anónima en una zona desértica de la India en la que no pudiera ser localizado. Sin embargo, como un milagro del más allá, la tumba ubicada en el terreno más árido y seco del país, se distingue con facilidad por ser un área pequeña eternamente embarrada.
Hace poco tiempo me topé con un aviso callejero que publicitaba las actividades del Centro Brapanamashi en Argentina. El cartel decía:
¨ Devanshi Rihandas Brapanamashi dejó sus enseñanzas para que Ud. termine con sus sufrimientos y se transforme en un ser de luz. Deje de lado el dolor y comience una nueva vida. El centro Brapanamashi auspicia la conferencia del maestro Carlos Pignataro, trigésimo octavo Devanshi, titulada ¨ Transfórmese, renuévese, transmútese, evolucione, cambie. En definitiva, sea Ud. mismo¨.
Tal vez hubiese concurrido a la conferencia, pero si algún representante del centro lee este artículo, le sugiero que para el próximo encuentro informen la dirección.

sábado, 6 de marzo de 2010

La orquesta típica de Anselmo Garispe, por Gerardo Prospitti (cronista jubilado)

El maestro Garispe era un virtuoso del piano y había conseguido armar una orquesta con los más destacados músicos del género. Cultor de un tango vanguardista y admirador de Piazzolla, Garispe se propuso darle un tono más moderno a las letras tangueras. Conciente de su escaso talento literario, decidió convocar a los más destacados autores de canciones de la actualidad para que les pongan palabras a su música. El primero en responder al convite fue Moko Veraldi, líder de la banda punk ¨Ulcerados¨, que le acercó su tema ¨Bomberos del infierno¨:

1- Los bomberos del infierno
Nunca apagan un incendio,
No se calientan por nada,
Por eso están donde están

2- Los bomberos del infierno
Nunca rescatan a nadie
Y todo les chupa un huevo
Por eso están donde están

Estribillo: Los bomberos del infierno
Por algo están donde están
Los bomberos del infierno
Por algo están donde están

Repite 1 y 2
Repite estribillo.

Garispe consiguió componer una música contundente y agresiva que le daba una personalidad bien definida a este tango.

Un rapero del Abasto, Pepe Two, le entregó su más reciente obra, escrita con la métrica que debía respetarse al cantarla y con un cuadernillo en el que se indicaban los movimientos que el cantante debía realizar al interpretarla (tomar el micrófono con la mano izquierda y sostenerlo a la altura de los ojos, inclinandolo hacia abajo mientras que la mano derecha se moverá constantemente como si se estuviera disparando un arma apuntando al piso unos cinco metros mas adelante,....etc.) :

La no-che se presen-to estrella-da
Tu pe-rra no quiere estar ata-da
las plan-tas no me contestan na-da
y yo no se quien rellena la empana-da
Encuentro una ca-sa abandona-da
inten-to llegar hasta la entra-da
la re-ja estaba electrifica-da
pero la luz siemre es-tuvo apaga-da
Dámelo, dámelo, dámelo, nena
Dámelo, dámelo, dámelo, nena
No pasa na-da
la noche está estrella-da!

La orquesta de Garispe hizo un esfuerzo intentando ponerle música a eso, aunque sin éxito. Se dice que el mudo Héctor de la Serna, cantor del grupo, fue a buscar a Pepe y lo cagó a trompadas.
La opinión generalizada de los críticos de la época, era que, sin lugar a dudas, las letras que se adaptaban mejor al estilo de la orquesta pertenecían al autor contemporáneo Daniel Garrido, cuya composición ¨Soñar con nada¨, dice así:

Intento dormir profundamente
Y quiero soñar con nada
Soles de cuatro estaciones
Rocío de la madrugada
Yo quiero soñar con nada
Que no es lo mismo que no soñar

Samurai de los recuerdos
Arco de flechas doradas
Cuando lo etéreo es profundo
Algo brilla en tu mirada
Yo quiero soñar con nada
Que no es lo mismo que no soñar

Árbol alado, mañana ansiada
Yo quiero soñar con nada
Yo quiero soñar con nada
Que no es lo mismo que no soñar.

Testigos presenciales del estreno de éste tango en el anfiteatro Juan Bautista Alberdi, aseguran haber visto llorar a más de un guapo conmovido por la delicada poesía de su letra y la perturbadora cadencia de su melodía, aunque ninguno había entendido nada..
La orquesta de Anselmo Garispe estaba destinada a marcar nuevos rumbos en la música ciudadana, hasta que un desconocido y autotitulado ¨Comando de homenaje permanente al poeta Horacio Ferrer¨ raptó al pianista y exigió, como rescate, la destrucción de todas sus obras y un compromiso documentado en el que el músico se obligaba a abandonar para siempre la actividad.
Desde Entonces Don Anselmo atiende una calesita en Haedo en la que sólo se escucha música clásica. La calesita no gira, no tiene sortija ni caballitos que suban y bajen, para que los niños no se distraigan y puedan concentrarse en escuchar las melodías.
A los pibes de Haedo les va bárbaro en la escuela porque, si no estudian, los padres los amenazan con llevarlos a la calesita de Garispe

sábado, 27 de febrero de 2010

Alicia y los gatos, por Ornella Di Cesaris

Alicia tenía cincuenta y ocho años. Vivía en una vieja casita de Pompeya, bastante deteriorada, con un jardín descuidado en el que no había flores. La casa había pertenecido desde siempre a la familia de su marido, un hombre mucho mayor que ella, recientemente fallecido y por el que cobraba una modesta pensión. Sin hijos ni familiares, Alicia adoptó un gato callejero con el que pensaba compartir su soledad. Casi sin darse cuenta, fue amparando a otros gatos sin hogar hasta que, en poco tiempo, una docena de felinos jugueteaba en su jardín. La verdad es que los bichos llenaban la hasta entonces vacía vida de la mujer. Alicia los alimentaba, jugaba con ellos y hasta dormía rodeada de sus mascotas. El cariño que sentía por esos animales fue creciendo y en poco tiempo, entre los recogidos, los nacidos en su casa y los que llegaron por sus propios medios, el número de acompañantes en su jardín superaba con creces los treinta. Los inquilinos más antiguos tenían nombre: el primero se llamaba Andrés y era el más mimado. Era un gato de un tamaño importante, con mucho pelo y un extraño color mezcla de gris con amarillo. El segundo era Coco, un gato negro con una mancha blanca en la oreja izquierda. Amanda era la gata preferida, tal vez por haber sido la madre de la primera camada casera. A medida que el número de habitantes aumentaba, los nombres fueron dejando paso a apodos genéricos que servían para dirigirse a varios individuos (negro, michi, chicos, etc.).
Alicia comenzó a tener serios problemas para mantener a los gatos que, por esta época, ya eran más de cincuenta. Leche, pescado, carne, todo era poco para alimentar a semejante tropa. La pensión no alcanzaba para cubrir los gastos, pero la fortuna quiso que la contrataran para encargarse de la limpieza de una fábrica del barrio. El trabajo le ocupaba las noches de lunes a sábados, de veinticuatro a seis de la mañana. El resto del día lo dedicaba a las compras, la limpieza de la casa y la atención de sus ¨hijitos¨, tal como ella los llamaba.
Lo cierto es que los felinos aumentaban constantemente en número y también en sus demandas. Alicia había quedado recluida casi exclusivamente a la cocina y los animales ocupaban el resto de la casa.
Había cierta jerarquía entre los gatos. Andrés, posiblemente por ser el primero en el lugar y por su poderosa estructura física, era una especie de conductor natural del grupo. Sin embargo, un joven llegado casi un año después, se había animado a discutirle el liderazgo. Si bien Andrés pudo derrotarlo, como consecuencia de la pelea perdió el ojo derecho.
Alicia ya no daba abasto para atender a todos los habitantes de la morada que, a esta altura, superaban la centena. La casa siempre estaba sucia, había ruidos todo el tiempo y los vecinos se quejaban.
Una noche los maullidos fueron mucho más fuertes y numerosos que de costumbre. Hubo una pelea generalizada entre los gatos. Algunos defendían a Andrés y otros respondían al joven rebelde que nuevamente intentaba derrocarlo. El escándalo recibió a la dueña de casa que regresaba del trabajo y que al ver lo que sucedía, tomó partido por su favorito.
Durante días el lugar estuvo en calma. Un olor fétido que se percibía a varios metros hizo que los vecinos hicieran una denuncia en la policía. Al llegar al lugar, la patrulla encontró a unos ciento treinta felinos que jugueteaban en el jardín. En la cocina se hallaron los huesos de un gato grande junto con los restos de un cadáver femenino que había sido devorado por los animales.

lunes, 15 de febrero de 2010

Buzones, por Monseñor Jaime Roitman

En la esquina de San Pedro y Albariño había un buzón que poseía una característica fantástica y peculiar. Transformaba cualquier escrito que se introdujera en él, incluso el más elemental, en una obra literaria de valía. La primera noticia sobre éste fenómeno remite a lo que le sucedió al conocido poeta Oliverio Girondo una mañana de 1940. El escritor le envió unas líneas a un amigo contándole, entre otras cosas, que estaba en una etapa feliz de su vida y que solamente lo perturbaba la certeza de que en algún momento ¨la muerte vendrá a buscarme¨. Esta frase común, se transformó dentro del buzón y fue recibida por el destinatario como una poesía que hacía referencia a la visita de la parca y que decía:
No estoy.
No la conozco.
No quiero conocerla.
Me repugna lo hueco,
la afición al misterio,
el culto a la ceniza,
a cuanto se disgrega.
Jamás he mantenido contacto con lo inerte.
Si de algo he renegado es de la indiferencia.
No aspiro a transmutarme,
ni me tienta el reposo.
Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.
No estoy para lo inmóvil,
para lo inhabitado.
Cuando venga a buscarme,
díganle:
"se ha mudado".
Enterado Girondo de lo sucedido, decidió llamar al poema ¨Visita¨ y publicarlo en su libro ¨Persuasión de los días¨, pero jamás volvió a utilizar el buzón de Albariño.
Años después, el escribano José Narosky hizo uso del mismo buzón para enviar una carta a la municipalidad de General Pueyrredón quejándose por el deplorable nivel de higiene que había constatado en las playas de Mar del Plata. Entre sus dichos, apareció un renglón que nunca había escrito que decía: ¨Hay quien arroja un vidrio roto sobre la playa. Pero hay quien se agacha a recogerlo¨ y que fue el inicio de la carrera de Narosky como ¨aforista¨.
Infinidad de usuarios del buzón se vieron sorprendidos por los resultados que obtuvieron al utilizarlo para enviar sus cartas. Néstor Gadeau, un muchacho al que le costaba comunicarse con las mujeres, optó por enviarle una carta a la chica que le gustaba. Su corta imaginación sólo le permitió escribir: ¨Me gustás mucho, María¨. Esta torpe declaración se transformó en ¨ Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Emerges de las cosas, llenas el alma mía y entonces lo comprendo: yo te quiero María¨. Néstor se sorprendió cuando María, emocionada, lo besó y también cuando vio que Neruda utilizó algunos párrafos de su carta para escribir su poesía ¨Me gusta cuando callas¨.
Una vez que el secreto del buzón de Albariño y San Pedro se hizo conocido, muchos decidieron sacar provecho de él. Algunos alumnos de la facultad se enviaban cartas a sí mismos con algunas hojas escritas sin demasiado esmero, esperando que se transformaran en las complicadas monografías que debían entregar. En algunos casos consiguieron su objetivo, otros dicen haber recibido esquelas que decían ¨Inténtelo nuevamente. Ud. puede hacerlo¨. Si bien no era esto lo que buscaban, se veían reconfortados con un mensaje alentador.
Los escritores de cartas de la época aseguran que, como una compensación divina, en la esquina de Bilbao y Laferrere había otro buzón con propiedades exactamente opuestas al anterior, es decir que transformaba pensamientos formidables en torpes disparates. El primero en descubrir estos sucesos fue el gordo Monteluzzi. El gordo estaba buscando trabajo. Calificaba con creces para un puesto gerencial en un banco internacional y envió un currículum que había preparado concienzudamente, destacando su carrera universitaria de contador público, su experiencia en puestos similares, los logros conseguidos durante su gestión y referencias de personas respetables. La gente del banco le envió a vuelta de correo una carta en la que le reprochaban y le devolvían el lamentable currículum que había enviado junto con la deleznable carta de presentación que lo acompañaba y sintiéndose ofendidos le aseguraban que jamás trabajaría en esa institución. La sorpresa de Monteluzzi fue enorme cuando vio que en su currículum sólo figuraba su egreso de la escuela primaria y su carta de presentación decía: ¨Soy Néstor Monteluzzi. Quiero laburar en ese banco. Llámenme antes de que me arrepienta¨.
Otro perjudicado por el buzón de Bilbao fue el poeta Guido Centenera. Le envió a su amada Delia una epístola de marcado tono erótico (que, para ser sinceros, había copiado casi literalmente de un original de James Joyce), uno de cuyos párrafos se transcribe seguidamente: ¨No me pidas que te escriba una carta larga ahora. Estoy cansado de enviarte palabras. Nuestros labios pegados, nuestros brazos entrelazados, nuestros ojos desfalleciendo en el gozo de la posesión me complacerían más.
Perdóname queridísima. Tenía intención de mostrarme más reservado, pero mi pasión por ti lo hace imposible…¨.
La carta que recibió Delia decía: ¨Delia, esperame en bolas. Estoy re-caliente¨. Centenera nunca más tuvo noticias de Delia y jamás volvió a escribir.
No fue menor el perjuicio que le ocasionó al novelista Jacobo Gelfland la participación del buzón maligno. Le escribió a su amigo y editor Samuel diciéndole ¨querido Samuel, si estuviera dentro de tus posibilidades, quisiera pedirte un pequeño adelanto del pago correspondiente a la novela que te entregaré el mes próximo¨, esta práctica era habitual entre Jacobo y Samuel. Sin embargo Samuel se ofendió al punto de no volver a dirigirle la palabra al escritor, al recibir una nota que decía: ¨ Samuel, miserable de mierda, ¡exijo urgente un adelanto! ¨
Los buzones ya no existen en Mataderos. Algunos sostienen que fueron removidos por lo poco confiable que resultaban. Otros dicen que el progreso, mediante los mensajes de texto y los e-mails, los volvió innecesarios.
Sin embargo, hay amantes de lo sorprendente que los extrañan y juran con alegría que algunas computadoras y teléfonos celulares conservan las increíbles capacidades de los recordados buzones. Sin ir más lejos, este relato no era otra cosa que un reclamo a Edenor porque me mandó la factura vencida.

sábado, 6 de febrero de 2010

Las fábulas griegas, por Robert de Bruce


Las fábulas de Esopo se conocen en el mundo entero y aún hoy se siguen publicando. Todos sabemos de las historias de la hormiga y la cigarra, la liebre y la tortuga o de la gallina de los huevos de oro, entre muchas otras.
Revisionistas de la antigua literatura griega tuvieron un hallazgo capaz de conmover las bases de la filología helénica. Mediante los estudios realizados a viejos escritos de distintos autores, están en condiciones de afirmar que el famoso Esopo nunca existió. Más aún, descubrieron una verdadera confabulación de un grupo de moralistas que ideó a ése personaje para adjudicarle la creación de ciertas fábulas que, en realidad, no son otra cosa que edulcoradas y pacatas adaptaciones de las directas y crudas versiones originales. Las dudas sobre Esopo surgieron de los datos erráticos sobre su biografía. Algunos autores daban como lugar de su nacimiento a la ciudad de Tracia, otros a Frigia. Hay quienes lo sindican como nativo de la isla de Samos y quienes sostienen que nació en Sardes. Incluso, algunos biógrafos lo creen egipcio. Otra controversia se presenta en cuanto a la época en la que supuestamente vivió. Se dice que entre los años 570 y 526, entre 510 y 594 o entre 612 y 527 a.c. Lo cierto es que todos estos dudosos datos hicieron que los investigadores se dedicaran a estudiar profundamente a Esopo y llegaran a la conclusión de su inexistencia y al motivo por el cual los celadores de la moral griega lo inventaron. Descubrieron que sí hubo un creador de fábulas, un jóven brillante que mediante sus relatos intentaba despertar las conciencias dormidas del pueblo. Sus obras, para evitar la censura, se presentaban como cuentos para niños y los protagonistas eran animales. Pronto sus trabajos se conocieron en toda Grecia haciendo famoso a su autor.
Cuenta la historia que cuatro jóvenes amigos se encontraban en una cantina de la ciudad de Argos bebiendo kykeon, cuando Empédocles, un asiduo concurrente, los puso al tanto de que treinta magistrados (los treinta tiranos) habían conformado un gobierno oligárquico en reemplazo de la democracia ateniense. La noticia pegó fuerte en el ánimo de la muchachada, que se calentó mal y decidió participar activamente en contra del nuevo gobierno. Dos de ellos, Protio y Tritio, viajaron a Atenas para enrolarse en las milicias de la resistencia. Deuterio, el mayor de los cuatro y con habilidad para el discurso político, decidió recorrer Grecia y arengar a la población en contra de las nuevas autoridades. Por último, Isótopo, que era poseedor de un gran talento para las artes, se propuso reunir gente en las ciudades y criticar al régimen oligarca recitando fábulas opositoras.
De Protio y Tritio nunca se volvió a tener noticias. Deuterio, que había conseguido cierto renombre, fue asesinado en Tebas por Trigémino, un tipo con alteraciones nerviosas.
Las fábulas de Isótopo tuvieron un éxito fantástico. En las plazas, asambleas y gimnasios se debatía sobre ellas. Los títulos más conocidos fueron ¨Los cerdos en el gobierno¨, que se cree sirvió de base para la obra de Orwell ¨Rebelión en la granja¨ , ¨El mando en manos de las bestias¨ y ¨Los débiles no importan¨ En ellas se hablaba siempre de las injusticias que cometían los animales poderosos, en una alegoría sobre la situación que vivía el pueblo bajo el yugo de la clase dominante Los comentarios que generaban las obras llegaron a oídos de los gobernantes que ordenaron acallar la voz opositora del fabulista.
Un grupo de intelectuales notables que respondía al gobierno, conformó un clan conocido como ¨epístola expedita¨ y se dedicó exclusivamente a buscar una solución que diera un corte definitivo al asunto. Coincidieron en que lo mejor sería armar varias compañías de contadores de fábulas que recorrieran Grecia, difundiendo hasta la saturación historias que fueran inofensivas para el sistema y que se confundieran con las que contaba Isótopo, adjudicando la autoría de las obras a un personaje ficticio que acordaron llamar Esopo porque les sonaba pegadizo y se asemejaba al nombre del joven contestatario.
Conjuntamente con estas acciones se ordenó la detención de Isótopo y se lo condenó a muerte por atentar contra el régimen. Algunos historiadores dicen que, al igual que Sócrates, se lo envenenó con cicuta. Sin embargo, los revisionistas que hicieron esta investigación descreen de esa versión y aseguran que, para no darle el mismo rango que al reconocido filósofo, los verdugos obligaron a Isótopo a ingerir sandía con vino, convirtiéndolo en la primera víctima de este dúo letal.

viernes, 29 de enero de 2010

La feria de fracasos de los hermanos Tobrossian, por Brandon Lima

Mucha gente recuerda, todavía, la feria de fracasos de los hermanos Tobrossian. ¿Cómo podrían olvidarse de esa pista de arena en la que se presentaban números aburridísimos que fallaban recurrentemente? Los hermanos Tobrossian intentaron armar un circo capaz de competir con los más renombrados y para ello recorrieron el mundo entero buscando a los mejores artistas. Tantos viajes por los cinco continentes terminaron por consumir sus ahorros, por lo que no estaban en condiciones de contratar ni siquiera a los menos talentosos trabajadores circenses. Decidieron entonces, para aprovechar la carpa que ya habían comprado, montar un espectáculo con personas que no habían sido aceptadas en otras compañías, conformando una especie de cooperativa en la que se repartieran las ganancias.
Después de las pruebas y ensayos correspondientes, tomó forma una de las obras mas espantosas que se hayan representado en toda la historia.
El acto comenzaba con un maestro de ceremonias húngaro y tartamudo, que hacía presentaciones larguísimas e incomprensibles. A continuación salía a la arena ¨Lagrimita¨, un payaso depresivo que lloraba durante quince minutos, sumiendo en la más absoluta tristeza a todos los niños presentes.
El mentalista ¨Huggus¨ seleccionaba al azar a una persona del público y le aseguraba que era capaz de decir un número de documento sin acertar nunca el que perteneciera al espectador escogido. A continuación preguntaba: - ¿Su número de documento es veintitrés millones seiscientos doce mil cuarenta y siete? -¡No!, respondía invariablemente el elegido. En ese momento la concurrencia estallaba en aplausos.
La presentación de los mellizos Mc Lean, los enanos más altos del mundo, despertaba cierta curiosidad. El acto consistía en una breve caminata de los dos pelirrojos de 1,70 mts de estatura., que saludaban agitando las manos.
El domador de ladillas pasaba por el proscenio sin pena ni gloria, porque las acciones de los bichos no eran visibles ni desde la primera fila. Algunos decían que el domador sólo hacía gestos sobre una mesa vacía. Otros, mientras se rascaban la entrepierna, aseguraban que el tipo había llevado las ladillas pero que éstas no lo obedecían y se le habían escapado.
El número central consistía, cada noche, en el debut por fuerza mayor de un trapecista que intentaba, sin éxito, la más dificultosa prueba de altura a la que se haya aspirado jamás.
Generalmente la mujer barbuda era abucheada por el público, debido a que por una típica cuestión de coquetería femenina se afeitaba antes de cada función.
El llamado ¨globo de la muerte¨ despertaba rechazo en los espectadores. Se trataba de la presentación del único faquir gordo del mundo, que se alimentaba de porotos y lentejas e inflaba un globo de cumpleaños con sus flatulencias, hasta hacerlo estallar.
El cierre estaba a cargo del mago Jurgensen, quien luego de hacer malabares con tres nueces aseguraba que iba a partir una por la mitad y de su interior saldría un elefante africano de tamaño natural. El número siempre terminó en fracaso, aunque algunos tramoyistas del circo cuentan que una noche, mientras el mago practicaba sus malabares tras bambalinas, una de las nueces se le cayó y se partió al medio despidiendo de su interior a un elefante africano que quedó muerto en el piso.
La feria se disgregó en su mejor momento por un problema de reparto de dividendos, pues los creadores de los actos más atractivos renunciaron en disconformidad por el pago adicional que recibía el hombre bala, que era también el tragasables.

domingo, 17 de enero de 2010

El Chino Gobbi, por Alfredo ¨Terremoto¨ Benítez

El Chino Gobbi había sido, en sus años mozos, uno de los tauras más mentados de Mataderos. En su juventud fue boxeador y los que llegaron a verlo cuentan que era bueno de verdad. Muchas historias sobre su valentía y su bravura, circulan aún por el barrio.
Se comenta que una fría mañana de agosto se encontraba bebiendo una ginebra en el viejo boliche de Directorio y Larrazabal, perdido vaya uno a saber en que pensamientos, cuando un tipo vestido de traje entró al bar.
-¿Usted es el Chino Gobbi?, dijo el hombre
-No, ío sono Doménico Strombetta. Il Chino é il grandote que está al mostrador.
El tipo fue hasta la barra y encaró al guapo
-¿Usted es Gobbi?
-¿Quién pregunta?
, dijo el Chino
-Mire Gobbi, mi nombre es Carlos Gutiérrez y soy el contador del frigorífico Burgergh. El dueño, Don Adolfo Burgergh, me envió a buscarlo porque quiere proponerle un trabajo. ¿me acompaña?
El guapo accedió y en menos de media hora se encontraba en el escritorio del viejo Burgergh, escuchando su propuesta.
-Gobbi, mandé a buscarlo porque lo necesito para un trabajo. Hace algunos meses un compadrito de Palermo me ofreció protección a cambio de una paga mensual. Por supuesto que me negué a semejante extorsión y lo hice echar de la empresa. El tipo se fue y luego de un rato de fastidio, me olvidé del asunto. Unas semanas después hubo un incendio en las oficinas del frigorífico y los bomberos me dijeron que fue intencional. No lo relacioné con las amenazas pero a los pocos días, mi mujer fue atropellada en la calle por un auto y ella asegura que fue apropósito. Mis dos perros de raza aparecieron muertos, colgados del alambrado de mi quinta de Los Cardales.
Ayer a la mañana el guapo volvió y me preguntó si seguía creyendo que no debía pagarle por protección. Tengo miedo Gobbi, el tipo no tiene límites y estoy asustado por mi familia. Si le pago sé que me va a pedir cada vez más y si alguna vez no accedo a su solicitud no se que pueda pasar. Le pedí unos días para pensarlo y se retiró diciéndome que vuelve el jueves. Usted es el hombre indicado para librarme de esa lacra Chino. Estoy dispuesto a que ponga la cifra que crea justa para sacarme de encima a ese atorrante.
-¿Cómo se llama el tipo?
, preguntó el Chino
-Prudencio Basualdo, contestó Burgergh
Gobbi se puso de pie. Después de unos segundos le dio una larga pitada al cigarro y exhaló el humo con fuerza.
-Prudencio Basualdo, susurró apenas, sabía que más temprano que tarde te iba a encontrar. Lo de la plata no va a ser problema, acepto el trabajo, le dijo al viejo.
El jueves por la mañana Basualdo se presentó en el frigorífico y exigió ver a Burgergh.
-Don Adolfo lo espera en su oficina, informó el recepcionista
Con una mueca sobradora, el malevo subió por la escalera hasta el primer piso y abrió la puerta de la dirección sin golpear.
-Adelante Basualdo, lo estábamos esperando, dijo el viejo
-¿Estábamos? preguntó el maula
-Si Basualdo, estábamos, contestó una voz ronca que provenía de un costado de la oficina. Basualdo cerró la puerta que le impedía ver quién había hablado y cuando lo hizo quedó paralizado.
-Chino…se sorprendió
-Si Basualdo, soy el Chino y hace rato que quería verte cara a cara…
Prudencio llevó la mano a la cintura y sacó el puñal. Gobbi sonrió e hizo lo mismo. Después de algunas fintas, Basualdo intentó un lance. El Chino lo esquivó y mientras con la zurda le calzó un sopapo, con la derecha le hundió hasta el mango el cuchillo en el pecho. El guapo de Palermo miró fijo a los ojos de Gobbi y lentamente fue cayendo de rodillas hasta que en un charco de sangre dejó su último aliento.
Algunos contactos que don Adolfo tenía entre los caudillos políticos de la zona, intercedieron ante la policía para que la causa se tratara como defensa propia en ocasión de robo. Jueces amigos de Burgergh dictaminaron que el Chino Gobbi quedara absuelto.
-Chino, carajo…no sabe lo agradecido que le estoy, dijo don Adolfo. Nunca voy a olvidar este favor y sabe que cuenta conmigo para lo que necesite
-Con lo que me está pagando estamos hechos. No me debe nada.
-Dígame, Chino. ¿Qué había entre usted y Basualdo? Está claro que se conocían y tenían una historia pendiente
-Es una historia antigua. Una noche, después de un festival de box en el que le gané por puntos a Basualdo, se armó una milonga en un club de Saavedra. Quiso la desgracia que los dos nos interesáramos en la misma morocha. Basualdo, caliente porque lo había derrotado en la pelea, quiso seguirla afuera. Le pegué un par de piñas y el maricón se entregó casi sin pelear. La morocha se fue conmigo y yo pensé que la cosa se acababa ahí…Sin embargo él nunca pudo aceptar la humillación de haber sido vencido y una noche, buscando el desquite, me atacó por la espalda. Mi mujer se interpuso y recibió una puñalada que terminó con su vida. Desde entonces lo estaba buscando…
-¡Qué historia Chino! ¡Y que casualidad, mire lo que es el destino! Ahora…, la verdad es que… en cierta forma…, yo lo ayudé a concretar su venganza. Sería justo que me devolviera la plata y quedemos a mano…
El Chino le arrojó el dinero en la cara y le pegó dos bifes. Antes de que el viejo terminara de decir que había sido una broma, Gobbi ya lo había acuchillado.
Algunos años después, el Chino caminaba por una calle de Pompeya. No se supo nunca si los dos maulas con los que se trenzó en una pelea lo abordaron por casualidad o fueron a buscarlo por algún encargue de alguien que tenía un entripado antiguo con Gobbi. Lo cierto es que al guapo de Mataderos le dio el cuero para despachar a los dos atacantes. El Chino fue hasta un bar y se pidió una ginebra.
-Señor, dijo el bolichero, está sangrando …, tiene una herida en el pecho.
-No se aflija, no es nada… y déjeme la botella.
El Chino Gobbi se tomó el primer vaso de un trago. Se sirvió de nuevo y lo bebió del mismo modo. Al rato volvió a llenar el vaso, pero esta vez lo terminó con sorbos cortos.
Se volvió a Mataderos y antes de entrar a la pieza del conventillo se cruzó con el Ruso Gorsky. -¿Qué te pasó Chino?, estás sangrando. Vamos, te llevo al hospital. –No Ruso, no es nada. Apenas un pinchazo debajo de la tetilla, pero como según dicen los que no me quieren, yo no tengo corazón, no hay peligro, jajajaja!!! Ahora me voy a comer algo y a dormir una siesta porque me tomé unas ginebras y ando con un poco de sueño. Mas tarde voy a ver al doctor Gallo. –Bueno, dijo el Ruso, te paso a buscar en un par de horas y te acompaño.
Cuando Gorsky volvió, el Chino estaba muerto.

sábado, 9 de enero de 2010

El café coloquial de la calle Carhué, por Rodolfo Morales

El avance de la tecnología produce elementos que nos proporcionan una vida más confortable. Sin embargo es innegable que el progreso tiene un costo. Todos debemos adaptarnos a los nuevos tiempos y enfrentarnos con situaciones que nos eran desconocidas. Se ha endiosado al consumo, la competencia nos exige cada día más, cambiaron los paradigmas, necesitamos nuevas habilidades y dentro de la vorágine por la que transitamos, llegamos a perder de vista nuestras propias metas para participar de una alocada carrera en busca de lo que el resto de la sociedad considera ¨ el éxito¨.
La soledad ha sido uno de los emergentes nocivos de las nuevas formas de vida. Nuestras ocupaciones no nos dejan tiempo para las relaciones sociales y así nos vemos cada vez más aislados y alejados de nuestros afectos.
Un grupo de amigos que se resistían a abandonar el sagrado rito de la reunión fraternal, solían encontrarse en el bar Oviedo y pasar horas en profundas charlas sobre la vida, haciendo un paréntesis, de vez en cuando, para hablar de minas.
En una de sus reuniones tuvieron una idea que los entusiasmó. Si una de las más dolorosas pérdidas que estamos teniendo es la del diálogo, nosotros, que lo ejercitamos constantemente, démosle la posibilidad al resto de la gente de recuperarlo y veamos si además de hacer un aporte altruista para mejorar la calidad de vida de las personas, podemos hacernos de unos mangos. Vendieron sus pocas pertenencias (un falcon modelo 73, una vieja gibson les paul con poco uso, algunos pocos electrodomésticos) y pidieron prestado a varios usureros para alquilar un local y armar un bar. Así pudo abrirse poco tiempo después, el Café Coloquial, en la esquina de Carhué y Bragado. El lugar era un típico bar, sin lujos, con una barra y unas pocas mesas cuadradas de madera. En la vereda, dos bonitas camareras explicaban a los transeúntes que en el bar podían ejercitar el diálogo con gente que los aguardaba para conversar de temas diversos. Los amigos fundadores se encontraban sentados, cada uno en una mesa distinta, con carteles que indicaban el tópico sobre el que hablaban. Los clientes entraban, elegían el cartel que les pareciera más interesante y se sentaban en esa mesa. Así, supongamos que la elección de alguno recayera en el tema fútbol. Uno de los anfitriones lo recibía como si se conocieran de toda la vida y le decía – ¿a vos no te parece una locura jugarle con línea de tres a Brasil?, y se quedaba esperando la respuesta del cliente al que sólo interrumpía para pedirle que le pague un café. De esta manera se establecía un diálogo que terminaba cuando el cliente decidía retirarse o no accedía a seguir pagando tragos a su interlocutor.
Cada uno de los creadores del negocio se encargaba del tema que manejaba con mejores fundamentos. Enrique Lagrove, que era comisario retirado, manejaba ¨Policiales¨, Orlando Diz, tesorero del Banco Provincia, ¨Economía¨. El negro Campos dirigía las categorías infantiles de Sol del Plata y hablaba de fútbol. La madre de Sergio, una vieja chismosa, se encargaba de ¨Espectáculos¨ Una tarde entró al café una dama y se detuvo en la mesa del pelado Conforti, un dermatólogo jubilado, que sostenía un cartel que decía poesía. El pelado le dijo: -Sentate y escuchá esto que escribí:

¨Es tu piel delicada cual colita de infante
tu blancura asemeja a las cumbres nevadas de Los Andes.
No escuchas mis consejos y huyes desafiante.
Viajas a Xangri-lá, playa brasileña del estado de Río Grande.
Vas a exponerte al sol e intentarás broncearte.
Júrame que usarás pantalla protectora y que antes de acostarte
esparcirás sobre tu cuerpo ardiente, gruesas capas de una crema hidratante¨.

-¿Me invitás con una cerveza?
-No
, dijo la dama mientras se escapaba corriendo.
Este suceso generó una reunión en la que quedó en claro que si querían mantener un nivel adecuado en los diálogos con los clientes y que éstos se hicieran cargo del pago de las consumiciones, deberían recurrir a profesionales que realmente supieran sobre los temas que abordaban. Contrataron a ex profesores de la facultad de filosofía y letras, psicólogos retirados, politólogos desocupados y consiguieron, de esta manera, elevar el nivel de las conversaciones.
León Perdomo, viejo filósofo fracasado, exhibía un cartel con la leyenda ¨El amor no existe¨ y congregaba cantidades de personas dispuestas a refutar sus dichos, aunque muchos terminaban por aceptar luego de enardecidas discusiones, los postulados que sostenía el viejo pensador desencantado.
Francisco Echazú tuvo una corta participación en el bar. Ex monaguillo y seminarista durante años, su tema era ¨el dinero no es lo mas importante ¨. Nadie conversaba con él.
Muchos temas que los sabios del Bar coloquial discutían con sus conspicuos consumidores, trascendieron las paredes del establecimiento y se instalaron en reductos tan disímiles como la escuela, la oficina, los clubes y los supermercados. ¨Técnicas para desgrasar un matambre ¨, ¨excusas para rechazar invitaciones¨, ¨dónde estábamos antes de nacer¨, ¨la ameba y el paramesio, una relación prohibida¨, concitaban el interés de miles de argentinos.
El nuevo staff de conversadores hizo que el Café coloquial se conociera entre los intelectuales y generara charlas de un nivel superlativo, aunque los ingresos monetarios no aumentaron en igual proporción, pues es conocida la poca capacidad de los intelectuales para enriquecerse. Además se originó un nuevo problema: los interesados por sumarse a los diálogos se incrementaron de modo exponencial, obligando a que los iniciadores de las conversaciones cumplieran horas extras. En el intento por acrecentar los beneficios económicos se acortó el espacio entre los pedidos de consumiciones. El aumento del tiempo de trabajo y la mayor ingesta de alcohol hacía que los últimos diálogos del día fueran desopilantes exposiciones de conversadores borrachos que en algunas oportunidades finalizaban con abrazos y frases cariñosas y en otras terminaban a las trompadas.
Buscando mejorar el rendimiento comercial del emprendimiento, los socios contrataron a unas agraciadas mujeres que sostenían carteles en los que no se indicaban temas, sino que tenían inescrutables mensajes del estilo ¨$ 400¨ o ¨$ 650¨. Los hombres interesados en descifrar el enigma se acercaban a la mesa y luego de abonar se retiraban con las damas que los trasladaban hasta algún lugar en el que les develaban su secreto.
El café comenzó su etapa de decadencia cuando las hermosas doncellas fueron desplazando a los conversadores hasta ocupar todas las mesas del lugar.
La idea original de fomentar el diálogo fracasó rotundamente, pero aquellos viejos visionarios que intentaron reconstruir el hábito de la conversación amistosa, se transformaron en hombres acaudalados que regentean varios locales y que con este modesto logro se dan por satisfechos.

lunes, 4 de enero de 2010

La extraña historia de los siameses Aldahona, por monseñor Jaime Roitman

En los anales de la medicina, algunos extraños casos de deformidad alcanzaron fama mundial. Generalmente se trataba de raras malformaciones que impactaban y captaban la atención de las personas.
Uno de los ejemplos que pueden ilustrar estas poco frecuentes anomalías genéticas, es el de Joseph Merrick, el famoso “Hombre Elefante”. Aunque no es posible afirmarlo con absoluta certeza, se cree que Merrick pudo haber padecido el más grave caso de síndrome de Proteus que jamás se halla conocido. Esta patología produce el gigantismo parcial de los miembros o el crecimiento excesivo de los dedos mientras que algunas zonas del cuerpo crecen menos de lo que deberían. Todo esto provoca una desfiguración extrema de la persona que suele estigmatizarla socialmente. Joseph Merrick fue exhibido como un fenómeno de feria debido a la deformidad de su cuerpo y a las protuberancias enormes que aparecieron en su cara, una de ellas sobre el labio superior, que tenía aspecto de trompa y que le valió el apodo por el que fue conocido. Merrick falleció mientras dormía, a los 27 años de edad. En un principio se creyó que su tráquea fue comprimida por sus deformaciones, ocasionándole la muerte por asfixia. Nuevas teorías sostienen que pudo haber muerto por la lesión de la nuca ante un movimiento involuntario de la gigantesca cabeza. Una obra de teatro y varias películas se basaron en su historia.
Otro caso trascendente fue el de Edward Mordrake, hijo de una noble familia inglesa, nacido en el siglo XIX. Edward tenía un rostro adicional en la parte posterior de la cabeza. Se cree que pertenecía a un gemelo parásito. El mito dice que el rostro correspondía a una bella joven, cosa poco probable porque carecía de mandíbula y su aspecto no podía ser de ninguna forma agradable. Además, el gemelo parásito es del mismo sexo que el del portador, por lo que el rostro adicional también debía corresponder a un varón. La cara que tenía en la nuca estaba dotada de expresividad, podía mover los ojos, sonreír y lagrimear. Quienes la vieron aseguraban que el brillo de sus ojos despejaba cualquier duda acerca de su inteligencia probable. No hablaba, pero sus labios se movían constantemente. Edward aseguraba que por las noches no podía dormir por los susurros incesantes de su otra cara. Los médicos de la época se negaron a intentar extirpar el rostro residual, llevando a Edward al suicidio a los veintitrés años. Antes de colgarse dejó una carta pidiendo ser cremado para evitar que los susurros lo perturbaran en el más allá. Tom Waits compuso ¨Poor Edward¨, una triste canción basada en este caso.
Sin embargo, una de las historias más extraordinarias de todos los tiempos no tuvo una gran difusión. Se trata de la increíble vida de los siameses Julio y Jorge Aldahona. Estos gemelos nacieron unidos por la espalda, a la altura de las cuatro últimas vértebras dorsales, teniendo total independencia con el resto del cuerpo. A pesar de su unión física, Jorge y Julio eran absolutamente diferentes. Uno fanático de Boca, el otro recalcitrante riverplatense. Jorge fue dirigente conservador, Julio activista de izquierda. A Julio lo enloquecía el asado. Jorge era vegetariano. Con tantas diferencias, no fue ninguna sorpresa que los hermanos siameses, paradójicamente, se separaran y estuvieran enfrentados. El paso del tiempo no limó las diferencias. Por el contrario, terminaron odiándose. Después de algunos años en los que se ignoraron, ingresaron en una etapa en la que cada uno hacía lo posible para molestar al otro. Así, cuando uno de los siameses estaba urgido por orinar, el otro encontraba una ocupación impostergable que le impedía ir al baño. Si uno debía utilizar el bidet, el que quedaba enfrentado a la pared le abría el grifo de agua caliente para quemarlo en sus partes íntimas. Si alguno intentaba conquistar a una dama, el otro despedía ventosidades para estropear el encuentro.
Solamente lograron coincidir en que la situación era insostenible y que se imponía, sin dilaciones, una cirugía que los separara. No contaban con medios económicos suficientes para afrontar la operación, debido a que ambos habían saboteado mutuamente las posibilidades laborales del otro. Ante las escasas probabilidades de éxito de la intervención, ninguna institución pública quiso hacerse cargo del caso.
Acudieron a la iglesia pero la respuesta fue ¨que el hombre no separe lo que Dios ha unido¨ Finalmente, terminaron siendo intervenidos por un falso médico que los encandiló con el exiguo pago que solicitó para dividirlos y que aparentemente no comprendió con exactitud lo que pretendían los siameses al encarar su división. El triste y escueto parte médico que informaba el lamentable resultado de la operación decía así: ¨Con pesar debemos informar que la división de los siameses Julio y Jorge Aldahona ha fracasado. La parte de abajo falleció en el transcurso de la intervención quirúrgica y la parte de arriba, hace instantes, acaba de correr la misma suerte¨.